Mi hija Carmen casi no espera ni a que salgamos del garaje para ir a clase. «Toca ‘Sueñacuentos’», dice. Y con solo esa frase abre todo un universo de cuentos para niños y padres que ha conseguido conmover a millones de corazones. El pódcast de Elena Lostalé y su hija, Alejandra, recibe más de 700 mil escuchas al mes en las distintas plataformas en las que pueden escucharse «Sueñacuentos»: historias para niños que sueñan despiertos.
¿Cómo llega uno de estudiar periodismo a los pódcast de cuentos infantiles?
Acabo la carrera de periodismo y hago el máster de Radio Nacional. Entro en RNE directamente, porque van haciendo la elección de los mejores. Y acabo estando como tres años y medio. Sale la oposición, había un ambiente un poco triste y enfadado, que coincidió con lo del ERE aquel que hubo. Y en ese momento, circunstancias de la vida no me llamó la atención. Fui al examen teórico para probar. ¿Qué pasa? Que cuando ya quiero incorporarme al mercado laboral en Periodismo, pues no hay absolutamente nada. Te hacen unas ofertas de ‘vente a Ávila por 700 euros, vas y vuelves y aparte de hacer la desconexión territorial, no me acuerdo de qué programa, luego ayudas en la tele local’. O sea, no.
¿Su intención siempre había sido seguir por lo radiofónico?
A mí escribir también me gusta. Eh Enfocado en el área de cultura fundamentalmente, que es donde estuve en RNE. Hice periodismo porque era lo que más se parecía a escribir. Fui una niña superlectora; me gustaba mucho escribir. Escribí una novela con 12 años. Siempre estaba un poco en la ficción; en lo que está en la imaginación. En ese primer momento era mi formación, digo: ‘Lo que salga’. Pero no salía nada. Entonces, acabé en una agencia de marketing digital pequeñita y allí estuve 10 años y ahí, aunque no me gusta nada el marketing, porque yo vendedora, soy muy mala vendedora, no me sé ni vender yo misma, aprendí muchísimo. Era cuando despegaba todo lo del marketing digital, que ya en Estados Unidos estaba pegando fuerte. Y di con un jefe, que era el que había montado la empresa, maravilloso. Hasta que me salió una oportunidad de escribir de cuentos personalizados en una startup. Ahí estuve 6 años, hasta que en diciembre nos despidieron a la plantilla de Madrid.
¿Cómo nace «Sueñacuentos»?
Para la empresa que trabajabas hacía un podcast anterior como marketing de contenidos que surgió a raíz también de lo del confinamiento y funcionó bastante bien. En ese sí que Alejandra, que era más pequeña, a lo mejor me hacía algún cameito, pero era yo todo. Cuando llegamos a los 100 capítulos, los jefes dicen: «Oye, yo creo que ya está bien. Con esto hay más que suficiente». Y me quedo ahí como si me hubieran quitado un hijo; con un sentimiento de orfandad y una pena… A los 3 meses reaccioné un poco y dije: «Jolín, pero si lo hacías tú todo. Pues puedes hacer tu propio pódcast como hobby en tus ratos libres». Entonces, empecé a trabajar en capítulos para tener una nevera, incluso grabarlos. Empecé a hacer una nevera para poder lanzar con la garantía de luego tener una continuidad. Es muy importante que si tú dices los lunes, eso lo cumplas. Hacía algunas cosas en el tiempo libre, porque las ideas se te ocurren cuando se te ocurren, pero claro, esto era ya solamente en el fin de semana o el viernes por la tarde o cuando ya no estaba trabajando. Entonces, empecé a adelantar una nevera de contenidos para para poder lanzar lo mío y en un primer momento dije: «Bueno, aquí no tengo el altavoz que tenía con la empresa que está subido en su blog, que lo comparten en redes sociales, que lo mueven un poco. Pensé: «Igual no llega a ninguna parte. Pero oye, con que me escuchen 100 niños…». Es suficiente porque esto lo hago para mí y para seguir haciendo algo con Alejandra. Pero, de repente, pego un pepinazo. La gente lo empieza a escuchar, reconoce tu voz y entonces hubo bastante transferencia de audiencia.
Alejandra, ¿cómo definiría a alguien que no conoce «Sueñacuentos»?
Elena: Lo definimos juntas: un podcast de audiocuentos infantiles que tratan temas que no son como los cuentos clásicos.Que son más libres; más de la actualidad.
(Las dos juntas): Historias para niños que sueñan despiertos.
¿Cuántos años tenía Alejandra cuando «Sueñacuentos»?
Elena: 10 años.
¿Qué recuerdo tiene de escuchar los cuentos de mamá?
Alejandra: A veces estaba en mi habitación estudiando, haciendo cualquier cosa, y la escuchaba llorar porque estaba haciendo cuentos. Me dijo que estaba empezando a escrfibir el primer episodios y que lo íbamos a hacer juntas. Al principio me daba un poco de pereza, pero luego ya le cogí el truco y me gustaba.
¿En qué momento tuviste clara la participación de Alejandra?
Fue todo como una concatenación de cosas que fueron pasando. Había empezado con el podcast para la empresa y le había pedido que me pusiera la voz en la careta, porque eso tiene cierto atractivo para los niños escuchar una voz infantil y la tenía infantil de verdad, porque ahora ya está cambiando. Cuando eso se acaba y ya empiezo con «Sueñacuentos» dije: «Jolín, pues lo vamos a hacer juntas, pero que tenga más presencia, para que sea una cosa nuestra que luego tenga para toda la vida también. Y no iba más allá del hobby. Había demostrado que actuaba bastante bien, pero casi por su cuenta. Porque claro, desde que es un bebé yo le leo los cuentos dramatizados. Al final, como quién aprende a hablar, ella ha aprendido a representar según qué voces, y no tuvo mayor mayor intención que esa, que la de continuar con lo anterior.
Son geniales las introducciones con ella llegando a casa del colegio y empieza una historia.
Alejandra: En lo de las intros, hay veces que predice el futuro. Escribe un cuento y justo a dentro de unas semanas nos pasa. A veces son situaciones que pueden estar pasando o que pueden haber pasado. Al fin y al cabo es hacerlo como si nadie nos estuviera grabando; una conversación solo nosotras.
No puedes directamente entrar a contar el cuento. Parece que intenta explicarle a ella cómo funcionan muchas cosas de la vida, y, en vez de hacerlo con un refrán o con una frase, lo puedes hacer con un cuento dramatizado.
Ese es el hilo de continuidad. Esto sí que está medido, porque cuando hago este nuevo podcast necesito que siga teniendo la esencia de los cuentos que son en sí mismos, pero que se diferencia un poco de lo anterior. Lo anterior lo que tenía al final era un ‘Sabías qué…’. Y es ahí donde se daba información sobre el tema, didáctica o de otra naturaleza que se había tratado en el cuento. Esa estructura sí que la pensé. Dije: «Necesito algo que sirva siempre para introducirlo, que dé un hilo de continuidad seriado». Porque mis cuentos son muy heterogéneos. A veces son un poema, a veces son una ida de pinza máxima, porque es lo que se me ocurre. Creo que a los niños les gustan mis cuentos porque son felices en el caos, y yo soy feliz en el caos. Tengo un componente muy infantil y a mí el orden estricto, todo demasiado encasillado como que no. La creatividad es muy libre. Entonces, mis cuentos, tienen todos su estilo y tal, pero son cada uno de su padre y de su madre. Pero esto tienen que hilarse de alguna manera; hay que intentar poner un poco de orden en el caos del que venía con el otro podcast. El título está pensado también, o sea, por ejemplo, Sueñacuentos es el nombre del podcast, pero se puede utilizar como en vez de como nombre propio, pero se puede usar como nombre común para referirse a los oyentes, crear comunidad.
Para cuando llegan las ideas, ¿tiene alguna libretita?
Elena: A ver, las ideas me caen, pero normalmente no suele ser por la calle. Me viene la musa a ver cuando estoy relajada. A lo mejor estoy con algunos amigos tomándome una cervecita o lo que sea y entonces dicen cualquier cosa y digo: «Anda, eso tiene un cuento». Y hay veces que lo apunto y hay veces que no lo apunto y digo: «Ya hemos perdido el cuento». Por la noche se me ocurren muchos cuentos. Cuando ya acabo con todo: el trabajo, la casa, ella se duerme. Ya me iba a dormir de esto que pasas por el baño que pilla de camino en el último pis, y escribí un cuento apoyada en el lavabo. Si lo que tengo es una libreta, lo escribo una libreta, pero corro el riesgo de perderlo.
Alejandra: O estamos discutiendo y de repente me dice: «Anda, tengo una nueva idea para un cuento». Y deja de discutir y se pone a escribir.
¿Cuál es el cuento favorito de cada una?
Alejandra: «El último dinosaurio», porque salgo haciendo de bebé.
Elena: A mí me gusta mucho y lloro mucho cuando lo escucho, y no es un cuento como tal, es un poemita, se llama «El poema de los abrazos». Que fue un poema como para decir que todos somos iguales, da igual el color del brazo, si todos brindan abrazos. Se me ocurrió por esa frase, que además tampoco es una gran frase, y a partir de ahí creé como un poema. y lo que se me ocurrió es llamar a la participación y que de todas las partes del mundo donde nos escuchan nos mandaran un mensaje. Mi intención era mostrarle a los niños que en toda esa diversidad lo que tenían en común era que todos eran sueñacuentos e intentar contrarrestar este mensaje que ahora mismo, va como creciendo, de mira este, el que es diferente…
Cuénteme quién hace las voces.
Elena: Si son voces de personajes que ya están bastante asentados, lo puedo hacer seguido. Si voy a sacar una voz nueva o tal, no puedo porque acabas cambiando el tono. Y eso luego a la hora de montar, es un follón estupendo. A ver, hay algunos personajes que tienen su propia voz, pero luego están los estereotipos. Entonces, los estereotipos también me los sé.
Alejandra: Una vez me dijo que hiciera de calcetín: “Sé el calcetín, pon voz de calcetín”. Y entonces ya llega un punto en el que le digo: «No tengo voz de calcetín, no sé cómo habla un calcetín”.
¿Cómo nace Antonia Kitty?
Elena: Antonia Kitty me la inventé yo en el baño. Cuando ella se ponía muy borrica de bebé, le daba esta rabia y la llamaba Antonia. No sé por qué me salió la primera vez y luego yo la llamaba Antonia cada vez que se ponía borrica. Buscaba un nombre un poco antiguo; más de época. Entonces se va metiendo un poco de justiciera, para cambiar los cuentos, y es un poco mi alterego porque yo tengo, pues, ese sentido de la justicia, de esto no puede ser así; la indignación. Tengo ese punto un poco mordaz; más borde.
Madre e hija hacen las delicias de padres y niños con su pódcast semanal «Sueñacuentos», que triunfa en las principales plataformas
Mi hija Carmen casi no espera ni a que salgamos del garaje para ir a clase. «Toca ‘Sueñacuentos’», dice. Y con solo esa frase abre todo un universo de cuentos para niños y padres que ha conseguido conmover a millones de corazones. El pódcast de Elena Lostalé y su hija, Alejandra, recibe más de 700 mil escuchas al mes en las distintas plataformas en las que pueden escucharse «Sueñacuentos»: historias para niños que sueñan despiertos.
¿Cómo llega uno de estudiar periodismo a los pódcast de cuentos infantiles?
Acabo la carrera de periodismo y hago el máster de Radio Nacional. Entro en RNE directamente, porque van haciendo la elección de los mejores. Y acabo estando como tres años y medio. Sale la oposición, había un ambiente un poco triste y enfadado, que coincidió con lo del ERE aquel que hubo. Y en ese momento, circunstancias de la vida no me llamó la atención. Fui al examen teórico para probar. ¿Qué pasa? Que cuando ya quiero incorporarme al mercado laboral en Periodismo, pues no hay absolutamente nada. Te hacen unas ofertas de ‘vente a Ávila por 700 euros, vas y vuelves y aparte de hacer la desconexión territorial, no me acuerdo de qué programa, luego ayudas en la tele local’. O sea, no.
¿Su intención siempre había sido seguir por lo radiofónico?
A mí escribir también me gusta. Eh Enfocado en el área de cultura fundamentalmente, que es donde estuve en RNE. Hice periodismo porque era lo que más se parecía a escribir. Fui una niña superlectora; me gustaba mucho escribir. Escribí una novela con 12 años. Siempre estaba un poco en la ficción; en lo que está en la imaginación. En ese primer momento era mi formación, digo: ‘Lo que salga’. Pero no salía nada. Entonces, acabé en una agencia de marketing digital pequeñita y allí estuve 10 años y ahí, aunque no me gusta nada el marketing, porque yo vendedora, soy muy mala vendedora, no me sé ni vender yo misma, aprendí muchísimo. Era cuando despegaba todo lo del marketing digital, que ya en Estados Unidos estaba pegando fuerte. Y di con un jefe, que era el que había montado la empresa, maravilloso. Hasta que me salió una oportunidad de escribir de cuentos personalizados en una startup. Ahí estuve 6 años, hasta que en diciembre nos despidieron a la plantilla de Madrid.
¿Cómo nace «Sueñacuentos»?
Para la empresa que trabajabas hacía un podcast anterior como marketing de contenidos que surgió a raíz también de lo del confinamiento y funcionó bastante bien. En ese sí que Alejandra, que era más pequeña, a lo mejor me hacía algún cameito, pero era yo todo. Cuando llegamos a los 100 capítulos, los jefes dicen: «Oye, yo creo que ya está bien. Con esto hay más que suficiente». Y me quedo ahí como si me hubieran quitado un hijo; con un sentimiento de orfandad y una pena… A los 3 meses reaccioné un poco y dije: «Jolín, pero si lo hacías tú todo. Pues puedes hacer tu propio pódcast como hobby en tus ratos libres». Entonces, empecé a trabajar en capítulos para tener una nevera, incluso grabarlos. Empecé a hacer una nevera para poder lanzar con la garantía de luego tener una continuidad. Es muy importante que si tú dices los lunes, eso lo cumplas. Hacía algunas cosas en el tiempo libre, porque las ideas se te ocurren cuando se te ocurren, pero claro, esto era ya solamente en el fin de semana o el viernes por la tarde o cuando ya no estaba trabajando. Entonces, empecé a adelantar una nevera de contenidos para para poder lanzar lo mío y en un primer momento dije: «Bueno, aquí no tengo el altavoz que tenía con la empresa que está subido en su blog, que lo comparten en redes sociales, que lo mueven un poco. Pensé: «Igual no llega a ninguna parte. Pero oye, con que me escuchen 100 niños…». Es suficiente porque esto lo hago para mí y para seguir haciendo algo con Alejandra. Pero, de repente, pego un pepinazo. La gente lo empieza a escuchar, reconoce tu voz y entonces hubo bastante transferencia de audiencia.
Alejandra, ¿cómo definiría a alguien que no conoce «Sueñacuentos»?
Elena: Lo definimos juntas: un podcast de audiocuentos infantiles que tratan temas que no son como los cuentos clásicos.Que son más libres; más de la actualidad.
(Las dos juntas): Historias para niños que sueñan despiertos.
¿Cuántos años tenía Alejandra cuando «Sueñacuentos»?
Elena: 10 años.
¿Qué recuerdo tiene de escuchar los cuentos de mamá?
Alejandra: A veces estaba en mi habitación estudiando, haciendo cualquier cosa, y la escuchaba llorar porque estaba haciendo cuentos. Me dijo que estaba empezando a escrfibir el primer episodios y que lo íbamos a hacer juntas. Al principio me daba un poco de pereza, pero luego ya le cogí el truco y me gustaba.
¿En qué momento tuviste clara la participación de Alejandra?
Fue todo como una concatenación de cosas que fueron pasando. Había empezado con el podcast para la empresa y le había pedido que me pusiera la voz en la careta, porque eso tiene cierto atractivo para los niños escuchar una voz infantil y la tenía infantil de verdad, porque ahora ya está cambiando. Cuando eso se acaba y ya empiezo con «Sueñacuentos» dije: «Jolín, pues lo vamos a hacer juntas, pero que tenga más presencia, para que sea una cosa nuestra que luego tenga para toda la vida también. Y no iba más allá del hobby. Había demostrado que actuaba bastante bien, pero casi por su cuenta. Porque claro, desde que es un bebé yo le leo los cuentos dramatizados. Al final, como quién aprende a hablar, ella ha aprendido a representar según qué voces, y no tuvo mayor mayor intención que esa, que la de continuar con lo anterior.
Son geniales las introducciones con ella llegando a casa del colegio y empieza una historia.
Alejandra: En lo de las intros, hay veces que predice el futuro. Escribe un cuento y justo a dentro de unas semanas nos pasa. A veces son situaciones que pueden estar pasando o que pueden haber pasado. Al fin y al cabo es hacerlo como si nadie nos estuviera grabando; una conversación solo nosotras.
No puedes directamente entrar a contar el cuento. Parece que intenta explicarle a ella cómo funcionan muchas cosas de la vida, y, en vez de hacerlo con un refrán o con una frase, lo puedes hacer con un cuento dramatizado.
Ese es el hilo de continuidad. Esto sí que está medido, porque cuando hago este nuevo podcast necesito que siga teniendo la esencia de los cuentos que son en sí mismos, pero que se diferencia un poco de lo anterior. Lo anterior lo que tenía al final era un ‘Sabías qué…’. Y es ahí donde se daba información sobre el tema, didáctica o de otra naturaleza que se había tratado en el cuento. Esa estructura sí que la pensé. Dije: «Necesito algo que sirva siempre para introducirlo, que dé un hilo de continuidad seriado». Porque mis cuentos son muy heterogéneos. A veces son un poema, a veces son una ida de pinza máxima, porque es lo que se me ocurre. Creo que a los niños les gustan mis cuentos porque son felices en el caos, y yo soy feliz en el caos. Tengo un componente muy infantil y a mí el orden estricto, todo demasiado encasillado como que no. La creatividad es muy libre. Entonces, mis cuentos, tienen todos su estilo y tal, pero son cada uno de su padre y de su madre. Pero esto tienen que hilarse de alguna manera; hay que intentar poner un poco de orden en el caos del que venía con el otro podcast. El título está pensado también, o sea, por ejemplo, Sueñacuentos es el nombre del podcast, pero se puede utilizar como en vez de como nombre propio, pero se puede usar como nombre común para referirse a los oyentes, crear comunidad.
Para cuando llegan las ideas, ¿tiene alguna libretita?
Elena: A ver, las ideas me caen, pero normalmente no suele ser por la calle. Me viene la musa a ver cuando estoy relajada. A lo mejor estoy con algunos amigos tomándome una cervecita o lo que sea y entonces dicen cualquier cosa y digo: «Anda, eso tiene un cuento». Y hay veces que lo apunto y hay veces que no lo apunto y digo: «Ya hemos perdido el cuento». Por la noche se me ocurren muchos cuentos. Cuando ya acabo con todo: el trabajo, la casa, ella se duerme. Ya me iba a dormir de esto que pasas por el baño que pilla de camino en el último pis, y escribí un cuento apoyada en el lavabo. Si lo que tengo es una libreta, lo escribo una libreta, pero corro el riesgo de perderlo.
Alejandra: O estamos discutiendo y de repente me dice: «Anda, tengo una nueva idea para un cuento». Y deja de discutir y se pone a escribir.
¿Cuál es el cuento favorito de cada una?
Alejandra: «El último dinosaurio», porque salgo haciendo de bebé.
Elena: A mí me gusta mucho y lloro mucho cuando lo escucho, y no es un cuento como tal, es un poemita, se llama «El poema de los abrazos». Que fue un poema como para decir que todos somos iguales, da igual el color del brazo, si todos brindan abrazos. Se me ocurrió por esa frase, que además tampoco es una gran frase, y a partir de ahí creé como un poema. y lo que se me ocurrió es llamar a la participación y que de todas las partes del mundo donde nos escuchan nos mandaran un mensaje. Mi intención era mostrarle a los niños que en toda esa diversidad lo que tenían en común era que todos eran sueñacuentos e intentar contrarrestar este mensaje que ahora mismo, va como creciendo, de mira este, el que es diferente…
Cuénteme quién hace las voces.
Elena: Si son voces de personajes que ya están bastante asentados, lo puedo hacer seguido. Si voy a sacar una voz nueva o tal, no puedo porque acabas cambiando el tono. Y eso luego a la hora de montar, es un follón estupendo. A ver, hay algunos personajes que tienen su propia voz, pero luego están los estereotipos. Entonces, los estereotipos también me los sé.
Alejandra: Una vez me dijo que hiciera de calcetín: “Sé el calcetín, pon voz de calcetín”. Y entonces ya llega un punto en el que le digo: «No tengo voz de calcetín, no sé cómo habla un calcetín”.
¿Cómo nace Antonia Kitty?
Elena: Antonia Kitty me la inventé yo en el baño. Cuando ella se ponía muy borrica de bebé, le daba esta rabia y la llamaba Antonia. No sé por qué me salió la primera vez y luego yo la llamaba Antonia cada vez que se ponía borrica. Buscaba un nombre un poco antiguo; más de época. Entonces se va metiendo un poco de justiciera, para cambiar los cuentos, y es un poco mi alterego porque yo tengo, pues, ese sentido de la justicia, de esto no puede ser así; la indignación. Tengo ese punto un poco mordaz; más borde.
Programación TV en La Razón
