Una incierta Berlinale o cuando las estrellas americanas buscan directores del extrarradio

<p>El deseo es en buena medida la más gráfica (e hiriente) representación de una carencia. El Festival de Berlín cambió el año pasado a sus directores con la intención declarada de ser lo contrario de que lo que venía siendo. O, al menos, lo opuesto a lo que tradicionalmente se decía de él que era: <strong>que si demasiado político, que si en exceso pendiente del cine minoritario, que si refractario a las estrellas de Hollywood…</strong> Ése era el deseo cuando la actual directora, la estadounidense Tricia Tuttle, susituyó el año pasado a la dupla formada por Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek después de un lustro al frente. Pues bien, han pasado los años, y síntoma evidente de la misma ausencia, el deseo permanece intacto. <strong>Berlín, un año más, busca su sitio.</strong></p>

Seguir leyendo

 El primer festival del año arranca en su edición número 76 con muchas más dudas de las deseables en el año de la confirmación de la nueva dirección. De la representación española, muy atentos a la serie Ravalear, de Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta  

El deseo es en buena medida la más gráfica (e hiriente) representación de una carencia. El Festival de Berlín cambió el año pasado a sus directores con la intención declarada de ser lo contrario de que lo que venía siendo. O, al menos, lo opuesto a lo que tradicionalmente se decía de él que era: que si demasiado político, que si en exceso pendiente del cine minoritario, que si refractario a las estrellas de Hollywood… Ése era el deseo cuando la actual directora, la estadounidense Tricia Tuttle, susituyó el año pasado a la dupla formada por Carlo Chatrian y Mariette Rissenbeek después de un lustro al frente. Pues bien, han pasado los años, y síntoma evidente de la misma ausencia, el deseo permanece intacto. Berlín, un año más, busca su sitio.

La edición que ahora arranca se presenta toda ella tan prometedora que hasta da un poco de vértigo. Todo son promesas. Pese a la intención de Tuttle insistentemente declarada de convertir a la capital alemana en la segunda cita en importancia del cine independiente después de Cannes (por número de películas programadas y por la actividad del mercado), el brillo de los títulos sigue sin acompañar tanto deseo. La edición de 2025 se entendió, y disculpó, como una convocatoria de transición. Y, sin embargo, contemplada en retrospectiva hasta da un poco de envidia. Por aquí mismo estuvieron los trabajos de Richard Linklater (Blue Moon), el rumano Radu Jude (Kontinental 25) o el brasileño Gabriel Mascaro (El sendero azul) junto al ganador, el noruego Dag Johan Haugerud que completaba su ambiciosa trilogía sobre el sexo, el amor y los sueños con, precisamente, Sueños de Oslo. Todo, visto lo visto, muy deseable incluso.

Con el nuevo y muy amplio programa en la mano, cuesta encontrar argumentos, cuesta encontrar nombres de referencia, cuesta encontrar nada más que, otra vez, deseos.

Hay apuntes de tendencias, eso sí, pero solo apuntes. Llama la atención la deriva exhibida por cada vez más estrellas de las de Hollywood hacia otros cines o, mejor, hacia directores de los confines del imperio. Así, la película Rosebush Prunning, que cuenta con Elena Anaya en el reparto, junta a Jamie Bell, Callum Turner y, sobre todo, Elle Fanning en un drama familiar ambientado en España y dirigido por el brasileño Karim Aïnouz. Hablamos del responsable de La vida invisible de Eurídice Gusmão, además de del drama histórico y sangrante La última reina con Jude Law y Alicia Vikander. En la misma posición estaría un renacido Channing Tatum, dispuesto a saltar la banca de los premios de la mano de una de las películas estrellas de la temporada que empieza y gran triunfadora en Sundance: Josephine, de la directora brasileño-china-estadounidense Beth de Araújo. E igual que él, Amy Adams. Es el húngaro Kornél Mundruczó, responsable de películas premiadas en Cannes como Delta y White God, el encargado de resetear la carrera de la protagonista de cintas como The Master o La llegada en un tour de force sobre la identidad, la autodestrucción, el arte como redención y la familia. Digamos que el personaje lleva impresa la palabra premio en la frente.

Amy Adams en un momento de 'At the sea'.
Amy Adams en un momento de ‘At the sea’.

Por seguir por la senda de los intérpretes consagrados, pocos repartos tan atractivos como el de Queen at Sea, donde la francesa Juliette Binoche se las ve con el británico Tom Courtnay en una película firmada por Lance Hammer. Y no lejos, el regreso de la descomunal intérprete alemana Sandra Hüller tras el año glorioso en el que encadenó La zona de interés y Anatomía de una caída. Ella es la protagonista de Rose, un drama en blanco y negro ambientado en el siglo XVII y dirigido por el austiaco Markus Schleinzer.

Lo que queda de la sección sección oficial se refugia, de nuevo, en las promesas. La promesa de Moscas, del mexicano Fernando Eimbcke, que vuelve tras presentar aquí mismo Olmo el año pasado; la promesa de la dos veces ganadora del Oso de Plata Angela Schanelec que presenta Meine Frau weint (Mi esposa llora); y la promesa del director turco-alemán lker Çatak, cuya película anterior, La sala de profesores, llegó a estar nominada al Oscar. Çatak estrena con Gelbe Briefe (Cartas amarillas), que quiere desnudar la dictadura turca a fecha de hoy.

Fuera de la sección oficial, más promesas, los focos se los llevan proyectos tan dispares como The Ballad of Judas Priest, con Sam Dunn y el gutarrista de Rage Against the Machine de Tom Morello como directores; The Moment, de Aidan Zamiri, con Charli xcx como coguionista, protagonista y más cosas, y The Weight, del debutante Padraic McKinley, con Ethan Hawke y Russell Crowe mano a mano en un drama de supervivencia río abajo.

La representación española, que en los últimos años ha sido una de las grandes animadoras de todo esto, con Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa, 20.000 especies de abejas, de Estibaliz Urresola, Un año, una noche, de Isaki Lacuesta, Sorda, de Eva Libertad o, en lugar destacado, el Oso de Oro para Alcarràs, de Carla Simón, este año se ve algo diluida. En la sección Panorama aparece Iván & Hadoum, de Ian de la Rosa, y en el apartado dedicado a las series, Ravalear, de Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta. La primera es un drama agroromántico localizado en Almería y al límite de las pasiones, los sexos, las ideas preconcebidas y las fronteras. Y la segunda está llamada a ser desde ya una las producciones del año que, con alma de thriller, retrata con una claridad desnuda y febril la transformación de las ciudades y de todo lo demás. Incluidos los que en ella viven. Atentos al trabajo de Enric Auquer.

Así las cosas, arranca una Berlinale en la que, y pese a que no nos falta lo último de Hong Sang-soo, promete. El problema es que promete más incertidumbre que cualquier otra cosa.

 Cultura

Noticias Similares