Trump vuelve a llamar a la puerta de Kim Jong-un

Donald Trump quiere volver a sentarse frente a Kim Jong-un. Ocho años después del apretón de manos en Singapur que abrió una relación cara a cara inédita entre los líderes de Washington y Pyongyang, el presidente estadounidense estaría presionando a sus asesores para organizar este mismo otoño un nuevo encuentro con el dictador norcoreano.

 El presidente estadounidense quiere aprovechar su viaje a Asia previsto en otoño para recuperar la diplomacia cara a cara con el líder norcoreano, mientras crece en Corea del Sur el temor a quedar al margen de una negociación nuclear  

Donald Trump quiere volver a sentarse frente a Kim Jong-un. Ocho años después del apretón de manos en Singapur que abrió una relación cara a cara inédita entre los líderes de Washington y Pyongyang, el presidente estadounidense estaría presionando a sus asesores para organizar este mismo otoño un nuevo encuentro con el dictador norcoreano.

El escenario que se baraja encaja perfectamente con la diplomacia de grandes gestos que siempre ha seducido a Trump: aprovechar un viaje a Asia en noviembre, cuando tiene previsto acudir a la cumbre de la APEC en Shenzhen, para intentar recuperar una relación personal con el líder de Corea del Norte.

Por ahora, según ha informado el Wall Street Journal, no existe una negociación formal ni una cumbre cerrada, pero funcionarios estadounidenses aseguran que el presidente ha planteado en privado la posibilidad de encontrarse con Kim durante la próxima gira asiática.

Trump ya lo intentó hace menos de un año. Durante su viaje a Corea del Sur con motivo de la cumbre de la APEC celebrada en octubre de 2025 en la ciudad de Gyeongju, la Casa Blanca exploró la posibilidad de un encuentro exprés con Kim. El republicano llegó a ofrecerse públicamente a prolongar su estancia para encontrarse con su homólogo norcoreano. Pyongyang guardó silencio y Trump terminó reconociendo que no habían podido cuadrar los tiempos.

Ahora vuelve a intentarlo, pero acompañando las palabras con un gesto mucho más tangible hacia Corea del Norte. Este miércoles, Seúl anunció que las maniobras militares que realiza estos días junto a Estados Unidos terminarán el 21 de agosto, seis días antes de lo previsto. También se reducirá parte del entrenamiento sobre el terreno y se ha eliminado la segunda fase, que incluía operaciones de contraataque. En las maniobras estaba prevista la participación de unos 18.000 militares surcoreanos y 14 ejercicios conjuntos de campo. La decisión llegó después de que Trump ordenara al Pentágono reducir «sustancialmente» su participación.

El mensaje tiene un destinatario evidente. Trump volvió a presumir el domingo de su «buena relación» con Kim y vinculó la reducción de las maniobras con su intento de recuperar el diálogo. Pyongyang lleva décadas denunciando estos ejercicios como ensayos para una invasión. Kim ya había exigido durante el deshielo de 2018 y 2019 que Washington suspendiera las operaciones conjuntas. Trump aceptó entonces limitar algunas maniobras, una concesión que sorprendió incluso a sus aliados de Seúl y Tokio.

Ahora repite la jugada antes incluso de que Kim haya aceptado volver a la mesa de negociación. Ahí aparece la inquietud en Seúl. El Gobierno del presidente Lee Jae-myung respalda públicamente la recuperación del diálogo y espera que una eventual conversación entre Washington y Pyongyang rebaje la tensión en la península. Pero la forma unilateral en que Trump ordenó recortar las maniobras militares ha vuelto a alimentar un viejo temor surcoreano: que las decisiones que afectan directamente a su seguridad terminen negociándose únicamente entre Trump y Kim.

La preocupación es mayor porque Kim llegaría a una eventual negociación mucho más fuerte que cuando se reunió por primera vez con Trump. Corea del Norte ha ampliado su arsenal nuclear, mientras que su acercamiento a Moscú ha adquirido una dimensión militar sin precedentes. Miles de soldados norcoreanos han combatido junto a Rusia y Pyongyang ha suministrado armamento para la guerra de Ucrania. Al mismo tiempo, Kim ha recompuesto sus relaciones con Pekín: Xi Jinping viajó a Pyongyang en junio y prometió reforzar la cooperación estratégica.

Por eso, el punto de partida sería radicalmente distinto al de 2018. Entonces, Trump todavía aspiraba a convencer a Kim para que renunciara a sus armas atómicas. Hoy, Pyongyang considera irreversible su condición nuclear. Para Seúl, el peor escenario sería un acuerdo limitado en el que Washington aceptara de facto esa realidad a cambio de que Corea del Norte restringiera las armas que amenazan directamente a EE. UU., especialmente sus misiles balísticos intercontinentales, mientras conserva los proyectiles de corto y medio alcance capaces de golpear territorio surcoreano. A ello se suma el temor de que Trump convierta la presencia de tropas estadounidenses en el Sur en moneda de cambio.

Trump y Kim protagonizaron tres encuentros durante el primer mandato del republicano. El primero, en Singapur en junio de 2018, fue histórico: nunca antes un presidente estadounidense en ejercicio se había reunido con un líder norcoreano. Firmaron una declaración en la que Pyongyang se comprometía a trabajar hacia la «desnuclearización completa de la península coreana» y Washington ofrecía garantías de seguridad. Pero el documento no fijó calendario, mecanismos de verificación ni una definición precisa de qué significaba desnuclearizar.

El segundo encuentro, en Hanói en febrero de 2019, terminó abruptamente y sin acuerdo. Kim pretendía conseguir un amplio levantamiento de sanciones a cambio de desmantelar uno de sus grandes complejos nucleares, mientras Washington exigía concesiones nucleares mucho más amplias. Trump abandonó la mesa.

Cuatro meses después llegó la última fotografía. Trump, que regresaba del G-20 de Osaka, lanzó en redes sociales una invitación improvisada a Kim. El norcoreano aceptó. Ambos se estrecharon la mano sobre la línea de demarcación que separa las dos Coreas y Trump dio varios pasos dentro de Corea del Norte, convirtiéndose en el primer presidente estadounidense en ejercicio que pisaba territorio norcoreano. Mantuvieron después casi una hora de conversación y prometieron reanudar las negociaciones. Aquella escena tampoco condujo a ningún acuerdo nuclear.

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