Tras el destrozo electoral sufrido por el Partido Laborista en las recientes elecciones locales, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha comparecido en rueda de prensa para confirmar que no dimitirá de su cargo. Pese a asumir la plena responsabilidad por los resultados del jueves, Starmer argumentó que esa misma responsabilidad le exige continuar liderando el país para enfrentar lo que describió como una «época peligrosa» plagada de «rivales muy peligrosos».
Tras el destrozo electoral sufrido por el Partido Laborista en las recientes elecciones locales, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha comparecido en r
Tras el destrozo electoral sufrido por el Partido Laborista en las recientes elecciones locales, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha comparecido en rueda de prensa para confirmar que no dimitirá de su cargo. Pese a asumir la plena responsabilidad por los resultados del jueves, Starmer argumentó que esa misma responsabilidad le exige continuar liderando el país para enfrentar lo que describió como una «época peligrosa» plagada de «rivales muy peligrosos».
En un discurso diseñado específicamente para «resetear» su Gobierno —en el que se presentó con una imagen informal, de camisa desabotonada y sin corbata—, Starmer centró sus críticas en Nigel Farage, líder de la fuerza dominante Reform UK, y en el líder de los Verdes, Zack Polanski. El primer ministro llegó a adoptar el lenguaje de la derecha nacionalista al prometer que el Reino Unido «tomará el control» de sus fronteras, su economía y su seguridad, utilizando un eslogan asociado anteriormente a Farage. No obstante, marcó distancias estratégicas al proyectar un futuro donde el país regrese al «corazón de Europa» mediante el reingreso al Mercado Único de la Unión Europea, un objetivo que sitúa en el horizonte de una posible reelección en el año 2029.
El mandatario también arremetió contra el Partido Conservador, calificándolos como una «fuerza del pasado» y principales responsables de la crisis actual tras quince años de constantes luchas internas en el poder. En el ámbito internacional, Starmer lanzó una crítica indirecta a Estados Unidos e Israel por el conflicto bélico contra Irán, cuestionando públicamente por qué el ciudadano británico debe pagar por una guerra situada a miles de kilómetros que no cuenta con el respaldo de la población.
Aunque la izquierda laborista considera insuficientes estos anuncios, el hecho de que su propio sector fuera castigado en las urnas parece frenar una rebelión interna inmediata. Sin embargo, los analistas advierten que Starmer vive actualmente en «tiempo prestado», y su supervivencia política dependerá de si este giro estratégico logra estabilizar su liderazgo en los meses venideros.
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