De pronto, en mitad de un festival de finales, siete, llegó, en la semifinal de los 50 espalda, un récord del mundo. La joven (19 años, cumplirá 20 el próximo miércoles) Sara Curtis, un huracán italiano de piel oscura, poco frecuente en las piscinas, de padre italiano y madre nigeriana, tocaba la pared en 26.63. Adiós para siempre, pero hasta nunca, a los 26.86 de la australiana Kyle McKewon, establecidos en el Mundial de Budapest 2023. En una prueba tan corta, una diferencia de 23 centésimas es una imitación del universo. Curtis llegaba a París como uno de esos nombres a seguir. Pero ahora es uno de los nombres a adorar.
La italiana pulverizó el récord de Kyle McKewon de los 50 espalda firmando un espectacular 26.63, mientras que el joven español acabó cuarto en los 100 libre con 47.39
De pronto, en mitad de un festival de finales, siete, llegó, en la semifinal de los 50 espalda, un récord del mundo. La joven (19 años, cumplirá 20 el próximo miércoles) Sara Curtis, un huracán italiano de piel oscura, poco frecuente en las piscinas, de padre italiano y madre nigeriana, tocaba la pared en 26.63. Adiós para siempre, pero hasta nunca, a los 26.86 de la australiana Kyle McKewon, establecidos en el Mundial de Budapest 2023. En una prueba tan corta, una diferencia de 23 centésimas es una imitación del universo. Curtis llegaba a París como uno de esos nombres a seguir. Pero ahora es uno de los nombres a adorar.
«Hoy puede ser un gran día». La canción de Serrat era susceptible de constituir la banda sonora española. No fue un gran día, si reservamos esa consideración, a las medallas. Pero sí fue un buen día, con cinco finales con representación nacional.
Ahí estaban por tercera vez, calle con calle, codo con codo, David Popovici (calle 4) y Luca Hoek (calle 5). Se habían visto en esa situación colindante en las eliminatorias y en las semifinales de los 100 libre. Ahora, en la final, como poseedores de las dos mejores marcas de los participantes, ocupaban los pasillos centrales.
Pero, en el podio, Hoek ya no estuvo al lado del fenómeno rumano. En una final de altísimo nivel, con el agua hirviendo ante la potencia de los nadadores, a los que apenas se les veía, confundidos con la espuma, tendría que haber bajado de los 47 segundos, la frontera sagrada. Popovici (46.56), Egor Kornev (46.74) y Kristof Milak (46.87) sí lo hicieron. Hoek, cuarto, se quedó en 47.39. Se asomó a ella. De nuevo, paró el cronómetro más cerca de los 47 segundos que de los 48. Fue el mejor de los no mejores.
Sigue en esa zona caliente que mira hacia la frontera de fuego de la prueba, que han cruzado como plusmarquistas mundiales en su momento Alain Bernard (46.94), Cesar Cielo (46.91), David Popovici (46.86) y Zhanle Pan (46.40), actual «recordman». Y también, no como reyes, pero sí como aristócratas, los estadounidenses Jack Alexy (46.81) y Caeleb Dressel (46.96). Aunque la natación es un deporte en el que los adolescentes tienen a menudo la palabra, Luca sólo cuenta 18 años recién cumplidos. No es precisamente un veterano. Le queda por delante un mundo.
Hoek fue el español mejor colocado, por delante, en escala, de Alba Vázquez, quinta (4:38.21) en unos 400 estilos ganados por la irlandesa Ellen Walshe (4:33.42). Y de Hugo González, sexto (1:54.75) en los 200 espalda en los que el fenómeno húngaro Hubert Kos (1:53.08) volvió a amenazar hasta los últimos metros el plastificado récord del mundo de Aaron Peirsol (1;51.92). Y de Carlos Garach, séptimo en los 800 libre, pero, atención, con un nuevo récord de España (7:45.41). Y de los relevos 4×100 libre femeninos, octavos, con nuevo récord de España (3:38.19). También lo habían batido en la semifinal (3:38.25). Lo dicho. No fue un gran día. Pero sí un buen día.
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