Petro se despide agitando el fraude electoral como un mal perdedor

No hubo manifestaciones multitudinarias en todas las plazas de Colombia, como había anunciado Gustavo Petro ante el 20 de julio, la fecha en la que el país conmemora su independencia de España. Ni el aún presidente pronunció un discurso más agresivo de lo habitual. El mandatario en retirada se limitó a presumir de unos logros en su gestión que la oposición y los datos de distintas entidades no reconocen; volvió a amenazar con futuras huelgas generales como advertencia si se revierten sus reformas sociales en la nueva Presidencia; reiteró que Iván Cepeda fue el ganador de los comicios presidenciales; y presentó la demanda de un supuesto fraude electoral que no avala ningún organismo, ni nacional ni extranjero.

 Uribe y el presidente en ciernes De la Espriella se disputan el liderazgo de la derecha  

No hubo manifestaciones multitudinarias en todas las plazas de Colombia, como había anunciado Gustavo Petro ante el 20 de julio, la fecha en la que el país conmemora su independencia de España. Ni el aún presidente pronunció un discurso más agresivo de lo habitual. El mandatario en retirada se limitó a presumir de unos logros en su gestión que la oposición y los datos de distintas entidades no reconocen; volvió a amenazar con futuras huelgas generales como advertencia si se revierten sus reformas sociales en la nueva Presidencia; reiteró que Iván Cepeda fue el ganador de los comicios presidenciales; y presentó la demanda de un supuesto fraude electoral que no avala ningún organismo, ni nacional ni extranjero.

Lo hizo en el marco del inicio de una nueva legislatura en el Senado y el Congreso, que estará marcada por la inestabilidad política. El futuro presidente, Abelardo de la Espriella, tendrá que negociar cada proyecto de ley al menudeo. Rompió con el Centro Democrático, que era el único aliado de peso que habría tenido en ambas cámaras legislativas, y ahora apenas cuenta con el irrestricto apoyo del minúsculo grupo parlamentario de Salvación Nacional.

Álvaro Uribe lleva, desde la campaña electoral, disputándole el control de la derecha en una guerra que ha dejado muchas heridas abiertas. El veterano dirigente no se resigna a perder el liderazgo político que mantenía desde el 2002, pese a la derrota del 21 de junio pasado y a que el outsider de los 13 millones de votos reclama el derecho a ocupar su lugar.

De ahí que ni siquiera se pusieran de acuerdo en la elección del presidente del Senado, la cámara más importante. Libraron una batalla de filigrana politiquera que ganó el ex presidente desatando una tormenta política. Porque lo hizo de la mano del petrista Pacto Histórico, demostrando que Churchill tenía razón cuando popularizó la famosa frase «la política hace extraños compañeros de cama». Cabe recordar que ningún partido cuenta con mayoría de escaños en el Parlamento, por lo que salieron a pescar votos en todos lados.

De la Espriella proponía a su amigo Alfredo Deluque, del Partido de la U, un grupo sin ideología ni rumbo claro, que suele acompañar al Gobierno de turno a cambio de participar de la torta burocrática. Uribe, por su parte, al senador Honorio Hernández, al que describió como «ciudadano mesurado, transparente, garantía para el correcto discurrir democrático», y que acabó venciendo.

«Acaba de nacer el petrouribismo», escribió en X Jairo Ladino, de Salvación Nacional, recogiendo el sentir de los partidarios de El Tigre. «Primera derrota de De la Espriella», alardeaba Iván Cepeda en su cuenta de la misma red social.

Horas antes, Petro y Uribe se lanzaron flores en lugar de los habituales dardos envenenados, anticipando lo que ocurriría. El resultado fue el colofón de una pugna que el fundador del Centro Democrático se había tomado como un reto personal: «Si El tigre ruge, nos defenderemos como abejas», dijo la semana pasada. Y este lunes sus huestes no se molestaron en disimular la pelea entre las dos fuerzas de la derecha. Cada parlamentario llevaba un cartel con la inscripción: «47 abejas en defensa de Colombia», aludiendo tanto al combate como a la suma de congresistas y senadores de dicha formación.

Cepeda, que no reconoce a Abelardo de la Espriella como presidente, aceptó el escaño asignado al perdedor de los comicios. Conlleva un sueldo mensual cercano a los 55 millones de pesos (15.000 euros), coche blindado, escoltas y un equipo de trabajo de hasta diez personas que él mismo designará.

Aparte de la división entre abelardistas y uribistas, la victoria de Henríquez también supone un llamado de atención al presidente electo y un triunfo del poder legislativo. Aunque su desprecio a los partidos políticos fue uno de los pilares de su campaña, tendrá que contar con ellos para sacar adelante sus proyectos de gobierno. Acaba de sufrir una primera derrota y enseguida tendrá otra prueba de fuego. Insiste en tomar posesión en una guarnición militar, decisión que debe contar con la aprobación de las Cámaras, puesto que son las que le imponen la banda presidencial.

En cuanto a la demanda de Petro, no parece que vaya a prosperar por falta de sustento. Según adujo en su discurso, «70.000 mil testigos digitales descubrieron fraude en Colombia». Y agregó, a modo de explicación científica, que «lograron descubrir en las trazas dejadas por los metadatos de los documentos subidos a internet por el software de escrutinios electorales, la manipulación algorítmica que hubo del voto real de la ciudadanía colombiana». Consciente de lo enrevesado de sus argumentos, anunció que difundirán varios vídeos para hacerlos comprensibles.

Pero pocos creen que pueda impedir que De la Espriella se enfunde la banda presidencial el próximo 7 de agosto.

 Internacional. Noticias internacionales. Última hora

Noticias Similares