La promoción que Iván Redondo, ex jefe de gabinete de Pedro Sánchez, está llevando a cabo de su libro ‘El Manual’ debe interpretarse como el inicio de la campaña del presidente a las elecciones generales. En su habitual retórica brumosa y pensamientos inconclusos, esta vez sí destaca con claridad y precisión la idea central del nuevo plan de supervivencia de Sánchez: presentar las elecciones como un plebiscito entre una España nueva y moderna, que adapta la arquitectura del Estado a su plurinacionalidad mediante una reforma confederal de la Constitución, y una España inmovilista que se aferra a un decadente régimen del 78. En suma, un plebiscito entre un bloque democrático y un bloque reaccionario.
El proyecto de Sánchez de lanzar un proceso de reforma confederal de la Constitución pasa por situar a don Felipe ante esta dicotomía
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La promoción que Iván Redondo, ex jefe de gabinete de Pedro Sánchez, está llevando a cabo de su libro ‘El Manual’ debe interpretarse como el inicio de la campaña del presidente a las elecciones generales. En su habitual retórica brumosa y pensamientos inconclusos, esta vez sí destaca con claridad y precisión la idea central del nuevo plan de supervivencia de Sánchez: presentar las elecciones como un plebiscito entre una España nueva y moderna, que adapta la arquitectura del Estado a su plurinacionalidad mediante una reforma confederal de la Constitución, y una España inmovilista que se aferra a un decadente régimen del 78. En suma, un plebiscito entre un bloque democrático y un bloque reaccionario.
Esta hoja de ruta de Sánchez para dejar atrás los casos de corrupción, elevando el debate público a la gran cuestión territorial que define a España como Estado-nación, bebe directamente de la obra de Jaime Miquel, un genial consultor político valenciano, fallecido en mayo de 2025 y que fue asesor en La Moncloa durante la etapa de Redondo.
Miquel dejó plasmado ‘La Perestroika de Felipe VI’ (RBA, 2015) su tesis de la reforma constitucional en clave plurinacional: «construir una identidad colectiva nueva y adecuada a nuestros tiempos dando por concluida la etapa que va desde los orígenes de España hasta el rey Juan Carlos I». Por aquel entonces, Miquel consideraba que esa «zona de ruptura» la debía liderar Podemos, pero ha sido finalmente el PSOE de Sánchez, podemizado hasta el tuétano, el que ha acabado asumiendo ese proyecto como estrategia para aglutinar a la izquierda y asegurarse el respaldo nacionalista.
Como avancé en diciembre de 2024 en esta columna, con un texto titulado ‘Sánchez 2028: reforma de la Constitución con los nacionalistas’, la intención del presidente es la de aprovechar la efeméride del cincuenta aniversario de la Carta Magna para proponer a Cataluña y el País Vasco la apertura en el Congreso y la sociedad de un proceso de debate constituyente en clave confederal, y dirigido también a una nueva generación de españoles que -ya sea por su edad y/o por su origen- sienten muy lejano, o incluso ajeno a su realidad, el texto de 1978.
La baza de Sánchez con los nacionalismos pasa por plantearles este proyecto como un estadio intermedio hacia su objetivo final de la autodeterminación, con la posibilidad añadida de poner antes en cuestión, de la mano del PSOE, uno de los núcleos de la actual Carta Magna como es que la soberanía nacional reside en el conjunto del pueblo español.
Para Sánchez no es tan importante la viabilidad del proceso constituyente como su mera puesta en marcha, ya que le permitiría hacer un llamamiento a reeditar la gran alianza entre la izquierda y el nacionalismo. Y, a la vez, presionar al PP para que se avenga a aceptar algún tipo de reforma, o de lo contrario, presentarlo como un partido atrapado en el «bloque inmovilista» junto a Vox, y que se auto excluye del proceso popular para actualizar la norma común a la nueva realidad social y territorial de España.
Un chantaje que, sin embargo, tiene en el rey Felipe VI el último y principal destinatario con esta tramposa dicotomía: o asume la perestroika sanchista, bajo la tesis de que su reinado debe tener una Constitución propia como la tuvo su padre, o de lo contrario, si el PSOE y el nacionalismo siguen en el poder, la llegada de la república será esta vez inevitable.
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