Paul McGrath se santigua al cruzar la meta, imponente, finísimo, con una altura muy por encima de la media de los marchadores. Sus ojos azules y su sonrisa enorme. Su Virgen de Montserrat al cuello y el abrazo con su familia en el corazón de Birmingham, Victoria Square, lugar fetiche ya para siempre para el atletismo español. La euforia rompe el protocolo. Su padre james, es un escocés, hijo de irlandeses que emigraron tras la Segunda Guerra Mundial, que se enamoró de una catalana, Isabel. Del amor surgió un talento insospechado que celebró a lo grande su primer oro internacional, tan sólo el avance de lo que está por venir: «El objetivo son Los Ángeles, esto es un paso más, voy por el camino correcto».
El catalán, de padre escocés, logró su primer oro internacional con la vista puesta en Los Ángeles. «Después de Tokio tuve una crisis existencial y me puse a estudiar como loco», cuenta.
Paul McGrath se santigua al cruzar la meta, imponente, finísimo, con una altura muy por encima de la media de los marchadores. Sus ojos azules y su sonrisa enorme. Su Virgen de Montserrat al cuello y el abrazo con su familia en el corazón de Birmingham, Victoria Square, lugar fetiche ya para siempre para el atletismo español. La euforia rompe el protocolo. Su padre james, es un escocés, hijo de irlandeses que emigraron tras la Segunda Guerra Mundial, que se enamoró de una catalana, Isabel. Del amor surgió un talento insospechado que celebró a lo grande su primer oro internacional, tan sólo el avance de lo que está por venir: «El objetivo son Los Ángeles, esto es un paso más, voy por el camino correcto».
Paul peregrinará al monasterio de Montserrat como hace un año, cuando el bronce en el Mundial en Tokio (en el pasado Europeo de Roma fue plata). Promesas por cumplir, «alguna ida de olla» que no desveló, aunque esta vez será en coche, pues los isquios le pedían tregua al acabar. «Gracias a Dios, sin él no estaría aquí», pronuncia. Locuaz, alegre, eufórico.
Su oro en la media maratón fue un prodigio (1:23:23, marca personal), una exhibición enorme, de principio a fin, la que le confirma en el olimpo presente de los mejores marchadores del mundo, a sus 24 años. «A lo grande. Estaba pensando, cómo mola ganar. Ha sido una carrera bonita desde el principio, haciéndolo duro. Fortunato es un rival muy veloz. Cuanto antes me lo quitara de encima, mejor», analizaba McGrath, un loco del atletismo, de estudiarlo todo, de repasar vídeos en Youtube. Como la noche antes, cuando se inspiró en Josh Kerr y su asalto al récord de la milla.
Y dibujó en su mente lo que iba a ocurrir después, arrasadora su mañana. Y pensó en el «vértigo»: «Pero es lo que mola. A partir de ahora, una plata o un bronce lo voy a sentir como un fracaso. Es duro decirlo».
Paul, hincha del Celtic, también es periodista, a punto de licenciarse. El próximo curso hará las prácticas en el ABC, en Barcelona. Lo que más le gusta es escribir. «Después de Tokio tuve una crisis existencial. ¿Y si esto se acaba aquí? Así que me puse a estudiar como un loco, a sacar asignaturas. Mi madre no podía estar más orgullosa y feliz», desvela a EL MUNDO. Quizá por eso Paul se toma las carreras como los exámenes, alumno aventajado del profesor Alejandro Aragoneses: «Lo difícil no es la competición, esto es fácil. Tenía confianza, me sentía muy seguro. Lo difícil es lo de antes, los entrenamientos, la altitud, la exigencia…».
Aunque quizá el periodismo pueda aguardar. Porque la plenitud de McGrath asusta. Un marchador desde niño, desde los nueve años, «cuando vi a Miguel Ángel López (plata ayer en el maratón) ser campeón de Europa, yo tenía 14 años». Antes hacía triple salto y peso. Esquivó en el pasado las lesiones musculares aumentando el fondo con sus tiradas largas en bicicleta, su otra pasión. Y a Birmingham ha llegado como nunca, pese a algunos problemas físicos que no pusieron en peligro su oro al final de la prueba. «El isquiotibial izquierdo en los últimos cinco kilómetros…, debía tener cuidado. Mi preocupación era llegar. Porque he entrenado muy bien, en Font Romeu, en Glasgow… Venía en un estado de forma brutal. Había entrenado las subidas y bajadas, quizá había forzado más de la cuenta, porque te gusta sentir que estás rápido. La he cagado un poquito en ese sentido», se sinceraba el campeón.
Noticias de Deportes
