Otro vecino que choca con Lula: Paraguay exige disculpas por «la ligereza» al hablar del «mayor genocidio del continente»

Hay algo que Luiz Inácio Lula da Silva, ya bien entrado en la novena década de vida, disfruta más que quizás ninguna otra cosa: hablar. El presidente de Brasil habla todo el tiempo, mucho y de muchos temas, y con frecuencia se equivoca, aunque rara vez se había encontrado con una reacción tan contundente como la de Paraguay, un país generalmente bajo el radar, pero que esta vez alzó la voz para frenar en seco al líder brasileño.

 Lula: «Nos gusta la paz, pero no podemos olvidar que, en su momento, Paraguay decidió invadir Brasil. Invadió Corumbá y, al mismo tiempo, invadió Uruguay y Argentina. Y esa guerra, que parecía que no iba a ser gran cosa, duró cinco años»  

Hay algo que Luiz Inácio Lula da Silva, ya bien entrado en la novena década de vida, disfruta más que quizás ninguna otra cosa: hablar. El presidente de Brasil habla todo el tiempo, mucho y de muchos temas, y con frecuencia se equivoca, aunque rara vez se había encontrado con una reacción tan contundente como la de Paraguay, un país generalmente bajo el radar, pero que esta vez alzó la voz para frenar en seco al líder brasileño.

«Lula, estás hablando con mucha ligereza sobre la mayor tragedia de nuestra historia, el mayor genocidio de nuestro continente«, dijo el presidente de la Cámara de Diputados de Paraguay, Raúl Latorre, tras conocerse unas palabras de Lula, dias atrás, en las que acusaba a los paraguayos de haber iniciado en el siglo XIX la Guerra de la Triple Alianza al invadir Brasil.

Aquel conflicto bélico, una verdadera masacre en la que entre 1864 y 1870 Argentina, Brasil y Uruguay mataron a más de la mitad de la población paraguaya y a nueve de cada diez hombres, es una herida aún abierta en Paraguay.

«En 1850 éramos el país más desarrollado de Sudamérica, el primero con industria pesada, armas, buques. Eso se frenó con la guerra del Paraguay (también conocida como la de la Triple Alianza), cuando perdimos el 60 por ciento de nuestro territorio y el 90 por ciento de la población masculina», resumió en su momento en una entrevista con EL MUNDO el presidente paraguayo, Santiago Peña.

El efecto de aquella guerra fue de largo alcance, añadió el presidente: «Perdimos la oportunidad que vivió Sudamérica a fines del siglo XIX, con un éxodo europeo que duró 40 años, millones de europeos que se instalaron en la región aportando ciencia y trabajo, pero también el concepto de las instituciones. Paraguay no podía, en aquellos años era una tumba a cielo abierto».

Para argentinos, brasileños y uruguayos, aquella guerra es una referencia lejana, la mayoría no tiene idea de lo que sucedió. Para los paraguayos, en cambio, es un asunto que toca el orgullo y la médula de la nación.

«La Guerra de la Triple Alianza, que comenzó con la intervención militar de Brasil en Uruguay, devastó Paraguay y marcó para siempre a nuestro pueblo«, precisó Latorre.

Todo comenzó hace una semana, cuando Lula afirmó, durante una visita a una empresa de aviación en el estado de Sao Paulo, que las Fuerzas Armadas deberían estar «bien preparadas y entrenadas» debido a «los locos que hay por el mundo que quieren hacer la guerra».

Y entonces añadió la frase que sacudió a todo Paraguay: «Nos gusta la paz, pero no podemos olvidar que, en su momento, Paraguay decidió invadir Brasil. Invadió Corumbá y, al mismo tiempo, invadió Uruguay y Argentina. Y esa guerra, que parecía que no iba a ser gran cosa, duró cinco años».

La frase de Lula implica una reescritura de la historia, porque el conflicto se inició por la intervención de Brasil en Uruguay, al derrocar al gobierno del Partido Blanco, aliado de Paraguay, e imponer uno del Partido Colorado.

Francisco Solano López, presidente paraguayo, respondió capturando un buque brasileño y luego invadió la zona de Mato Grosso en Brasil. El presidente argentino, Bartolomé Mitre, le negó el paso a las tropas paraguayas y Asunción le declaró la guerra a Buenos Aires, precipitando la conformación de la triple alianza.

Paraguay es más grande que Alemania, pero tiene diez veces menos población. Cuenta con una de las mayores reservas de agua dulce del mundo y es una potencia hidroeléctrica. Peña aspira a convertirlo en «un pequeño Qatar de las energías sostenibles».

Pese al recuerdo de la guerra, el paraguayo no es un pueblo agresivo, sino uno de los más amables de la región. Pero es también orgulloso, y Lula, rodeado de gobiernos políticamente distantes de su credo de izquierda, le dio a gobierno y oposición la posibilidad de demostrarlo.

«El gobierno del presidente Santiago Peña y este Ministerio de Asuntos Exteriores siempre defenderán los intereses supremos de Paraguay en todos los ámbitos», dijo el canciller, Rubén Ramírez Lezcano.

Se necesita «franqueza histórica» si se quiere hablar de lo que sucedió hace 150 años, exigió el vicepresidente paraguayo, Pedro Alliana.

«Fue un capítulo vergonzoso, acordado a partir de un tratado funesto para destruir nuestra nación. Aquella guerra, que masacró a nuestros niños, incendió hospitales y saqueó Asunción, ensombrece la memoria».

El embate final fue de Peña, que mantiene una relación ambivalente con Lula. Enrolado en la derecha conservadora y cercano a Javier Milei, Peña es el presidente paraguayo que con más entusiasmo y desenvoltura se ha movido por el mundo: no se pierde ninguna oportunidad de viajar y codearse con líderes extranjeros. Ha dicho más de una vez lo mucho que admira a Lula, pero al mismo tiempo le critica en público al brasileño las dificultades que crea la burocracia de su gobierno, a punto tal que dijo que la reciente inauguración de un puente entre ambos países resultó más difícil que «abrir el estrecho de Ormuz».

«De poco sirve inaugurar puentes si luego tenemos que cruzarlos y realizar trámites como hacíamos hace 20 o 30 años», añadió mirando a Lula. No es el primer desencuentro: meses atrás, Lula debió disculparse con Peña al revelarse que los servicios secretos brasileños espiaban al gobierno paraguayo.

La Cancillería paraguaya citó para este viernes al embajador de Brasil en Asunción, José Antonio Marcondes de Carvalho, para que dé explicaciones por las palabras de Lula y escuche la posición del gobierno local.

Pero la confusión sigue: Ramírez Lezcano aseguró que Peña y Lula mantuvieron una conversación telefónica, algo que fuentes de Brasilia negaron a CNN Brasil.

En todo caso, hay paraguayos que preferirían que Peña no hable con Lula. Entre ellos, el ex portero de la selección de fútbol José Luis Chilavert: «Brasileños, echen a ese borracho del gobierno», dijo, antes de pedir el voto para Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de octubre a las que Lula se presenta. «No sabe nada de historia y, como todos los izquierdistas corruptos, miente».

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