«Nos mataron»: ‘Novaya Gazeta’ anuncia su cierre tras tres décadas de investigaciones y acoso del Kremlin

«Nos mataron. El 9 de noviembre apagaremos las luces de nuestra casa, donde hemos vivido durante 30 años, desconectaremos los servidores y nos marcharemos. El periódico ha desaparecido. Las autoridades y los servicios de Inteligencia rusos obligaron al equipo editorial a cesar sus operaciones». Así es como Novaya Gazeta, uno de los medios de comunicación independientes más destacados de Rusia, ha anunciado su cierre: «Treinta y tantos años de vida junto al país y sus ciudadanos terminarán para nosotros en las calles, sin sustento, bajo la constante amenaza de represión». Después de años presionando al medio en el plano económico y legal, en los últimos meses varios de sus redactores han afrontado detenciones, interrogatorios y un acoso constante de los servicios secretos rusos.

 La redacción apagará sus servidores y abandonará su sede de Moscú el 9 de noviembre. El desalojo y el bloqueo de las donaciones culminan años de censura, registros y persecución de sus periodistas  

«Nos mataron. El 9 de noviembre apagaremos las luces de nuestra casa, donde hemos vivido durante 30 años, desconectaremos los servidores y nos marcharemos. El periódico ha desaparecido. Las autoridades y los servicios de Inteligencia rusos obligaron al equipo editorial a cesar sus operaciones». Así es como Novaya Gazeta, uno de los medios de comunicación independientes más destacados de Rusia, ha anunciado su cierre: «Treinta y tantos años de vida junto al país y sus ciudadanos terminarán para nosotros en las calles, sin sustento, bajo la constante amenaza de represión». Después de años presionando al medio en el plano económico y legal, en los últimos meses varios de sus redactores han afrontado detenciones, interrogatorios y un acoso constante de los servicios secretos rusos.

Con abrigos y bufandas, porque en algunas reuniones se pasaba frío por la ausencia de calefacción, Novaya Gazeta nació en Moscú el 1 de abril de 1993, fundada por un grupo de periodistas que habían abandonado Komsomolskaya Pravda y con el apoyo económico de Mijaíl Gorbachov (su esposa, Raisa Gorbachova, regaló a la redacción su primer teléfono móvil). Los propios redactores y tipógrafos tuvieron que repartir el primer número, y algunos periodistas terminaron regalando ejemplares en el paso subterráneo de la Plaza Pushkin.

El periódico hizo de la investigación de la corrupción, la violencia del Estado y las violaciones de derechos humanos su principal tarea. Sus reportajes sobre Chechenia, especialmente los de Anna Politkovskaya (asesinada en 2006), documentaron torturas, desapariciones y abusos que contradecían el relato oficial de Moscú. Su cofundador, Dmitri Muratov, dirigió la cabecera durante buena parte de sus tres décadas de existencia y recibió en 2021 el Nobel de la Paz, compartido con la periodista filipina Maria Ressa. El reconocimiento premiaba la defensa de la libertad de expresión en un país donde ejercerla resultaba cada vez más peligroso.

Con ocasión de aquel galardón, EL MUNDO publicó un reportaje sobre el medio: ‘Novaya Gazeta, un día en el periódico más amenazado de Rusia’. Quedaban apenas cuatro meses para la invasión a gran escala de Ucrania: «Por los muros de la redacción que dan a la calle Potapovskiy asoma de nuevo Politkovskaya en enormes retratos a color, mientras por la puerta principal van entrando -con sueño en la cara y un café para llevar en la mano- jóvenes periodistas con indumentaria hipster, tan colorida que choca con la crudeza de las noticias que da el periódico: torturas, corrupción, desastres ecológicos, abuso de poder o incompetencia de las autoridades«.

El escritorio de Politkovskaya, convertido en una zona museo.
El escritorio de Politkovskaya, convertido en una zona museo.X. COLÁS

Desde entonces, el régimen de Vladimir Putin ha asfixiado al medio con un asedio jurídico y económico: «Al mismo tiempo que nos enviaban la carta de desalojo, desactivaron el sistema de donaciones que nos permitía recibir contribuciones de nuestros lectores. En otras palabras, nos privaron de cualquier fondo», lamenta el comunicado. El día anterior, el 29 de octubre, se había hecho pública la orden de desalojo de su equipo editorial de la redacción, en la calle Potapovski, en el centro de Moscú, donde los periodistas habían trabajado durante 29 años. El espacio museístico dedicado a Anna Politkovskaya, instalado en su antiguo despacho, el 307, conservado intacto desde su asesinato hasta hoy, también cerrará sus puertas.

El panorama de medios independientes dentro de Rusia está ya hundido en la penumbra. El consejo editorial, entre otras cosas, temía que el periódico pudiera ser declarado una «organización extremista». En la mañana del 30 de octubre, Novaya Gazeta anunció oficialmente su cierre, con el apagado de servidores y la salida de la redacción previstos para el 9 de noviembre.

Aunque en el extranjero los propagandistas claman por la negociación, hacia dentro el régimen de Putin no perdona. El 25 de febrero de 2022, al día siguiente del comienzo de la invasión, Novaya Gazeta publicó un número en ruso y ucraniano con el titular «Rusia bombardea Ucrania». En 2022, las autoridades rusas bloquearon los sitios web del periódico y revocaron su registro como medio. Por eso, aunque el primer número tuvo una tirada de 100.000 ejemplares, desde comienzos de 2024, privada de su registro como medio, la redacción publicaba la cabecera en papel en tiradas de 999 ejemplares: el máximo que podía distribuir sin esa inscripción.

«Es amargo», dicen en Novaya, «porque fue durante el reinado de este régimen, y no en los años 90 de la mafia, cuando nuestros compañeros fueron asesinados por motivos políticos, por cumplir con su deber profesional y cívico». La redacción recuerda a los periodistas Igor Domnikov, Yuri Shchekochikhin, Anna Politkovskaya y Anastasia Baburova; al abogado Stanislav Markelov y a la defensora de los derechos humanos Natalya Estemirova. El propio Muratov sufrió un ataque con pintura que le dañó los ojos; en julio de 2023, hombres armados apalearon a la reportera Elena Milashina en Chechenia, le raparon la cabeza y le vertieron un antiséptico verde. En abril de este año llegaron los registros policiales y la detención del periodista Oleg Roldugin, acusado de utilizar ilegalmente datos personales. El 4 de septiembre, el Ministerio de Justicia declaró al medio «agente extranjero», alegando, entre otras razones, su oposición a la guerra. El 15 de octubre registraron la vivienda del director, Serguéi Sokolov, y lo interrogaron como testigo.

«Creo que es una tragedia tanto para Novaya Gazeta como para Rusia, y espero que algún día pueda resurgir», declaró a este periódico Ilya Politkovsky, hijo de Anna Politkovskaya, especialmente triste porque «el despacho-museo de mi madre estaba en la redacción y también van a tener que trasladarlo». «He sido amigo de Dimitri Muratov [cofundador de Novaya Gazeta] durante 35 años, el periódico se construyó y creció ante mis ojos, conocía a todos sus periodistas, trabajé en el periódico Sovershenno Sekretno y en la televisión. Yo mismo he estado escribiendo en Novaya durante los últimos dos años y medio», añadía Andrei Kalitin, periodista ruso y colaborador de la cabecera.

Desde Novaya Gazeta insisten en que el «asesinato» del medio ha sido una operación coordinada: «Nadie se dejará convencer por la justificación de los bancos de que actúan según normas internas de la empresa. Son normas externas, establecidas por el aparato estatal represivo, por funcionarios del FSB que se han infiltrado en todas las organizaciones… consideran al país de su propiedad».

Acuartelada en el barrio de Chistie Prudi, Novaya era una aldea rebelde en un Moscú que durante años miró para otro lado mientras el putinismo ocupaba más y más espacios. Cada día, a mediodía, el redactor jefe Alexei Polujin se asomaba al pasillo y gritaba: «¡Planioooorka!», que es como llaman a la reunión de planificación de temas. En un extremo de la sala había una portería de hockey sobre hielo. En el otro, una pantalla de ordenador donde iban apareciendo otros periodistas ‘cantando’ los temas desde su casa: Covid, activos de oligarcas en el extranjero, actores rusos en el espacio y Liga de Campeones. En 20 minutos se repasaban las previsiones del país más grande del mundo, aunque en Vladivostok los lectores ya se estaban acostando.

«Nos multan por cosas como no identificar a alguien como agente extranjero al escribir un texto, por incluir palabrotas en un artículo o incluso si las palabrotas están en un enlace externo», lamentaba Nikita Kondratiev, del departamento de noticias web, en conversación con este corresponsal a finales de 2021.

No sabían entonces que vendrían tiempos todavía más difíciles. Tras el inicio de la invasión a gran escala, «las autoridades bloquearon todos nuestros recursos en línea. El Estado confiscó nuestra imprenta, y los agentes de inteligencia y los censores atrincherados en otras oficinas se negaron a permitirnos publicar el periódico», recuerda el comunicado de despedida. «Muchos de nuestros empleados se vieron obligados a abandonar el país».

Parte de los periodistas que salieron de Rusia fundaron en 2022 Novaya Gazeta Europa, que continúa publicando desde el exilio. La redacción de Moscú promete todavía un último número.

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