Aceptar una oferta de empleo suele implicar un acto de confianza. El candidato escucha unas condiciones durante la entrevista, decide incorporarse a la empresa y espera que lo prometido se refleje posteriormente en su contrato y en su puesto de trabajo. Sin embargo, según advierte el abogado laboralista Juanma Lorente, no siempre ocurre así.
El letrado ha compartido recientemente el caso de un trabajador que acudió a su despacho tras comprobar que las condiciones reales de su empleo no tenían nada que ver con las que le habían explicado durante el proceso de selección. «Acabo de colgar con un cliente y me he quedado estupefacto», reconoce.
Según relata Lorente, durante la entrevista le aseguraron que trabajaría de lunes a viernes, que no tendría que realizar jornadas durante el fin de semana y que sería contratado directamente como oficial de primera. Sin embargo, tras incorporarse a la empresa, la situación fue muy diferente.
Una situación muy diferente a la acordada: trabajar los findes y hacer horas extra por obligación
«El pobre lleva un mes y medio trabajando y ya ha trabajado tres fines de semana, le han obligado a hacer horas extras y se ha dado cuenta en la primera nómina que está como auxiliar», explica.
El problema, según señala el abogado, es que demostrar lo que se prometió verbalmente durante una entrevista puede resultar complicado si no existe ninguna prueba. «Me dice: ‘Juanma, ¿Qué hago? En la entrevista me dijeron esto y mira tú lo que me he encontrado en la nómina y los fines de semana que estoy trabajando'», relata.
Ante situaciones como esta, Lorente lanza una recomendación que reconoce que puede resultar llamativa. «Graba las entrevistas de trabajo», afirma. Aunque admite que no es algo habitual, considera que puede ser una herramienta útil si posteriormente las condiciones cambian de forma significativa. «No va uno pensando que tiene que ir grabando entrevistas de trabajo por la vida, pero es que de las condiciones que le dijeron a lo que realmente ha sido su trabajo no tiene nada que ver», sostiene.
«Es una locura, pero hazlo, porque si al día siguiente te cambian las condiciones puedes pedir una salida indemnizada»
Su razonamiento es bastante cuerdo, ya que estar en posesión de esa grabación no implica únicamente que pueda desmantelarse un engaño, también puede implicar consecuencias de lo más negativas para la empresa contratista.
Por ello, Juanma Lorente insiste en que conservar pruebas de lo acordado durante el proceso de selección puede resultar determinante si surgen conflictos, sean cuales sean la tipología de los mismos. «Te recomiendo que grabes la entrevista de trabajo. Es una locura, pero hazlo, porque si al día siguiente te cambian las condiciones puedes pedir una salida indemnizada y con paro o incluso volver a las condiciones que te dijeron en su momento en la entrevista de trabajo», dictamina.
El consejo radica en la idea de los cambios habituales entre las condiciones prometidas durante el proceso de selección y las que finalmente aparecen en el contrato
Aceptar una oferta de empleo suele implicar un acto de confianza. El candidato escucha unas condiciones durante la entrevista, decide incorporarse a la empresa y espera que lo prometido se refleje posteriormente en su contrato y en su puesto de trabajo. Sin embargo, según advierte el abogado laboralista Juanma Lorente, no siempre ocurre así.
El letrado ha compartido recientemente el caso de un trabajador que acudió a su despacho tras comprobar que las condiciones reales de su empleo no tenían nada que ver con las que le habían explicado durante el proceso de selección. «Acabo de colgar con un cliente y me he quedado estupefacto», reconoce.
Según relata Lorente, durante la entrevista le aseguraron que trabajaría de lunes a viernes, que no tendría que realizar jornadas durante el fin de semana y que sería contratado directamente como oficial de primera. Sin embargo, tras incorporarse a la empresa, la situación fue muy diferente.
Una situación muy diferente a la acordada: trabajar los findes y hacer horas extra por obligación
«El pobre lleva un mes y medio trabajando y ya ha trabajado tres fines de semana, le han obligado a hacer horas extras y se ha dado cuenta en la primera nómina que está como auxiliar», explica.
El problema, según señala el abogado, es que demostrar lo que se prometió verbalmente durante una entrevista puede resultar complicado si no existe ninguna prueba. «Me dice: ‘Juanma, ¿Qué hago? En la entrevista me dijeron esto y mira tú lo que me he encontrado en la nómina y los fines de semana que estoy trabajando'», relata.
Ante situaciones como esta, Lorente lanza una recomendación que reconoce que puede resultar llamativa. «Graba las entrevistas de trabajo», afirma. Aunque admite que no es algo habitual, considera que puede ser una herramienta útil si posteriormente las condiciones cambian de forma significativa. «No va uno pensando que tiene que ir grabando entrevistas de trabajo por la vida, pero es que de las condiciones que le dijeron a lo que realmente ha sido su trabajo no tiene nada que ver», sostiene.
«Es una locura, pero hazlo, porque si al día siguiente te cambian las condiciones puedes pedir una salida indemnizada»
Su razonamiento es bastante cuerdo, ya que estar en posesión de esa grabación no implica únicamente que pueda desmantelarse un engaño, también puede implicar consecuencias de lo más negativas para la empresa contratista.
Por ello, Juanma Lorente insiste en que conservar pruebas de lo acordado durante el proceso de selección puede resultar determinante si surgen conflictos, sean cuales sean la tipología de los mismos. «Te recomiendo que grabes la entrevista de trabajo. Es una locura, pero hazlo, porque si al día siguiente te cambian las condiciones puedes pedir una salida indemnizada y con paro o incluso volver a las condiciones que te dijeron en su momento en la entrevista de trabajo», dictamina.
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