La polémica de una plusmarquista de HYROX que se hizo sus necesidades encima abre el debate sobre el reglamento

Un reciente incidente ocurrido en una competición oficial de la disciplina HYROX en Pekín ha vuelto a situar en el centro del debate internacional la gestión de los problemas estomacales de los deportistas de alto rendimiento. La atleta australiana Joanna Wietrzyk, plusmarquista mundial del circuito, sufrió un episodio de incontinencia intestinal mientras competía; pese a llevar restos visibles de heces en sus piernas y seguir utilizando el equipamiento común de la prueba, continuó corriendo hasta hacerse con la victoria. Ante las críticas por la imagen proyectada y el uso del material compartido, el cofundador de la organización, Moritz Fürste, pidió disculpas públicas y anunció la creación de un protocolo para evitar futuros episodios.

 Un reciente incidente ocurrido en una competición oficial de la disciplina HYROX en Pekín ha vuelto a situar en el centro del debate internacional la gestión de los problemas es  

Un reciente incidente ocurrido en una competición oficial de la disciplina HYROX en Pekín ha vuelto a situar en el centro del debate internacional la gestión de los problemas estomacales de los deportistas de alto rendimiento. La atleta australiana Joanna Wietrzyk, plusmarquista mundial del circuito, sufrió un episodio de incontinencia intestinal mientras competía; pese a llevar restos visibles de heces en sus piernas y seguir utilizando el equipamiento común de la prueba, continuó corriendo hasta hacerse con la victoria. Ante las críticas por la imagen proyectada y el uso del material compartido, el cofundador de la organización, Moritz Fürste, pidió disculpas públicas y anunció la creación de un protocolo para evitar futuros episodios.

Sin embargo, la implantación de una normativa sancionadora enfrenta graves dificultades técnicas e higiénicas. Evaluar estos episodios exigiría determinar qué cantidad resulta punible, si el deportista puede detenerse a limpiarse, cuánto tiempo puede permanecer fuera del recorrido o qué ocurre si el problema se repite en la misma prueba. Tratar de regular una reacción fisiológica involuntaria obligaría a transformar una emergencia médica en un proceso casi pericial, planteando el dilema fundamental de cómo castigar una acción que el competidor no ha decidido realizar voluntariamente.

Hasta la fecha, los grandes organismos rectores han evitado catalogar las evacuaciones intestinales como motivo de descalificación. El Comité Olímpico Internacional nunca ha contemplado la diarrea o la defecación como causa explícita de expulsión. Durante los Juegos Olímpicos de Río 2016, el marchador francés Yohann Diniz defecó en plena prueba de los 50 kilómetros cuando marchaba en cabeza, sufrió un desmayo sobre el asfalto, se reincorporó a la marcha y finalizó en octava posición sin recibir sanción alguna.

Episodios de esta índole han quedado marcados en la historia del deporte profesional sin acarrear medidas disciplinarias. Más de 20 años después del Mundial de Italia 1990, el exfutbolista inglés Gary Lineker admitió que durante el partido de la fase de grupos entre Inglaterra e Irlanda sufrió un episodio de diarrea en el césped tras recibir una entrada mientras padecía gastroenteritis. Tras confesar a su compañero Gary Stevens con la frase «Creo que me he cagado encima», se limpió con el césped en medio de la lluvia, no fue expulsado, marcó el gol del empate a uno y ambos equipos lograron la clasificación para octavos de final.

Situaciones similares han ocurrido en el atletismo de ruta y en las grandes ligas norteamericanas. En el Maratón de Londres de 2005, Paula Radcliffe se apartó de la carretera para hacer sus necesidades ante los espectadores y las cámaras antes de regresar a la carrera y ganar con un tiempo de 2h17:42 sin ser amonestada. En el béisbol estadounidense, el lanzador de la MLB Archie Bradley compitió tras sufrir un percance en los pantalones antes de salir al montículo, completando una entrada sin permitir carreras. Del mismo modo, el corredor sueco Mikael Ekvall terminó la media maratón de Gotemburgo de 2008 con incontinencia sin ser sancionado.

Aunque federaciones como World Athletics no contemplan sanciones automáticas por evacuación intestinal, eventos específicos como el Maratón de Nueva York prohíben orinar o defecar públicamente para evitar que los atletas conviertan cualquier rincón en un baño improvisado. La dificultad principal radica en separar una emergencia biológica incontrolable de las infracciones por ensuciar deliberadamente o vulnerar las normas de higiene compartidas. Puesto que el intestino no firma los reglamentos deportivos, la fijación de límites razonables sigue siendo una de las tareas reglamentarias más complejas para las organizaciones internacionales.

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