La mejor dirección de la historia

Todos los directorzuelos que alguna vez hemos lamentado que la prensa cinematográfica nos haga siempre las mismas preguntas deberíamos ver ¿Es esta la mejor película mejor dirigida de la historia?, la última pieza en YouTube del brillante divulgador y cineasta Patrick H. Willems, que empieza demostrando que a Spielberg le pasa lo mismo. Las entrevistas que le han hecho con motivo de El día de la revelación han tendido a recapitular su obra, pero sólo han citado una y otra vez las mismas cuatro películas, todas taquilleras y todas del siglo pasado. Un crimen si tenemos en cuenta que Spielberg está atravesando la recta final de una de las carreras más prolíficas, variadas e innovadoras de la historia del cine comercial.

 Con 58 años, una edad a la que se les exige a los directores que se parezcan a sí mismos, Spielberg dirigió su obra maestra a la contra de su propia premisa  

Todos los directorzuelos que alguna vez hemos lamentado que la prensa cinematográfica nos haga siempre las mismas preguntas deberíamos ver ¿Es esta la mejor película mejor dirigida de la historia?, la última pieza en YouTube del brillante divulgador y cineasta Patrick H. Willems, que empieza demostrando que a Spielberg le pasa lo mismo. Las entrevistas que le han hecho con motivo de El día de la revelación han tendido a recapitular su obra, pero sólo han citado una y otra vez las mismas cuatro películas, todas taquilleras y todas del siglo pasado. Un crimen si tenemos en cuenta que Spielberg está atravesando la recta final de una de las carreras más prolíficas, variadas e innovadoras de la historia del cine comercial.

El ensayo de Willems se centra en la única película jamás producida por un estudio hollywoodense que mira de frente el conflicto palestino-israelí. Múnich (2005) narra el proceso que lleva a un terrorista a abandonar la organización que le paga los tiques de comida y la patria para la que mata. En la última escena, Eric Bana defiende explícitamente una visión del judaísmo donde no tiene cabida la violencia y su antiguo jefe del Mossad le da la espalda mientras el horizonte es acuchillado por la silueta de las Torres Gemelas. De estrenarse en estos tiempos en los que la sangre nos llega a las rodillas, esta película hubiese generado tanta polémica que no quedaría hueco para hacer titulares sobre Ed Sheeran y Macklemore. Al menos un periodista debería haber sido capaz de distinguir el caramelo puesto en bandeja.

Múnich es la cima de Spielberg como narrador. Su técnica alcanza unas cotas de complejidad y sofisticación muy superiores a las de sus clásicos. Como poco es su película mejor dirigida. Unos méritos que en el siglo XXI ya son invisibles para la nostalgia dominante y la prensa incapaz de distinguir los logros más allá de los éxitos.

En una reveladora entrevista en GQ, el guionista de Múnich, Tony Kushner, colaborador del mejor Spielberg desde entonces, cuenta cómo el proyecto fue complicando sus ambiciones iniciales hasta el punto de acabar provocando el odio del autor del libro adaptado. Algo paralelo a lo que desvela Willems cuando cita a Janusz Kaminksi, el director de fotografía. Al parecer, Spielberg pasó de querer rodar una película que repitiese el estilo documental de La lista de Schindler a meterse en una señora camisa de once varas, una sinfonía milimétrica de encuadres y movimientos de cámara difíciles de describir incluso para el espectador más entrenado. Con 58 años, una edad a la que se les exige a los directores que se parezcan a sí mismos, Spielberg dirigió su obra maestra a la contra de su propia premisa. Estamos a tiempo de preguntarle cómo lo hizo.

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