La ventana de una nueva guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán sigue abierta. Y no depende tanto de los resultados de las elecciones en Israel como de la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, centrado en la cita electoral de su país, dentro de unos días.
Un nuevo enfrentamiento podría acercar la posibilidad de un Ejecutivo de unidad
La ventana de una nueva guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán sigue abierta. Y no depende tanto de los resultados de las elecciones en Israel como de la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, centrado en la cita electoral de su país, dentro de unos días.
Lo que parece claro es que en los dos años que le quedan en la Casa Blanca, el régimen iraní seguirá en el punto de mira de Israel y Estados Unidos. Sobre todo, si Benjamin Netanyahu sigue siendo primer ministro, aunque sea en funciones hasta los próximos comicios, previstos para la próxima primavera.
En uno de los últimos videos de propaganda electoral del Likud, el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, apareció con los brazos y piernas vendados. A la pregunta en hebreo sobre quién ganaría las elecciones de su gran enemigo, contestó: «Lo que es seguro es que no Bibi. Otra legislatura como esta y me encontraré con mi padre antes de lo previsto». El breve clip generado con inteligencia artificial, que alude al ayatolá Ali Jamenei, muerto en el primer ataque de la ofensiva iniciada el pasado 28 de febrero por Israel y Estados Unidos, se suma a otros mensajes del Likud en los que se apunta que «los enemigos de Israel desean la derrota de Netanyahu». Sus detractores replican que Hamas, Hizbulá e Irán lo prefieren al frente de Israel porque, tres años después, no ha cumplido su promesa de «victoria total», mientras deteriora la imagen del país en el ámbito internacional.
Pero, sea quien sea el primer ministro, tanto Gadi Eisenkot como Netanyahu, aunque con matices y acusaciones mutuas, consideran que el proyecto nuclear iraní constituye una «amenaza existencial». En la última semana antes de los comicios se multiplicaron los preparativos y especulaciones de una nueva ofensiva israelí o israelí-estadounidense, que habría llevado con toda seguridad a la suspensión de las elecciones. Según varios medios locales, Netanyahu tuvo una dura discusión con el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, después de que este se opusiera a una operación concreta en la región que podría haber provocado una respuesta iraní. La nueva guerra habría provocado la suspensión de la cita electoral, advirtió Zamir a su homólogo estadounidense, según el Canal 12.
Netanyahu niega que vaya a destituir a Zamir si sigue en el poder para poner a un oficial más fiel, como hizo al nombrar a los nuevos jefes del Mosad y el Shabak. También niega que pidiese permiso a Trump para lanzar un ataque antes de las elecciones, una operación que muchos israelíes habrían considerado «política». Pero que las elecciones ya hayan pasado no significa que haya desaparecido el riesgo de un enfrentamiento. Quizá al contrario, pero todo depende de Trump. Es decir, nadie sabe hoy qué pasará, aunque no se descarta que pueda ocurrir en los próximos días. Lo que sí puede afirmarse es que un nuevo enfrentamiento a gran escala, con evidentes efectos en la región, influirá en las negociaciones para formar Gobierno en Israel. Es más, podría abrir la puerta a un Gobierno de unidad -aunque tanto Netanyahu como Eisenkot lo rechazaron durante la campaña- sin la presencia del extremista Itamar Ben Gvir. Se trata del escenario deseado por Estados Unidos para, por ejemplo, avanzar hacia la segunda fase del estancado plan de la Junta de Paz en la Franja de Gaza.
Eisenkot considera que los objetivos reales de Israel deben ser eliminar por completo la amenaza nuclear iraní, frenar su programa de misiles balísticos y hacer todo lo posible para romper sus vínculos con Hizbulá en Líbano. «Acabar con el régimen no es un objetivo alcanzable mediante una operación militar, y haberlo incluido entre los objetivos de la última operación fue un error», dijo recientemente a la emisora militar. Y concluyó: «La caída del régimen debe producirse por iniciativa del pueblo iraní».
Como gran parte de los organismos de seguridad en 2018, Eisenkot no estuvo de acuerdo con la retirada de Trump -impulsada en cierta medida por Netanyahu- del acuerdo nuclear iraní, firmado por el presidente Barack Obama en 2015. Consideraba que, aunque el pacto no era perfecto y eximía asuntos clave como los misiles balísticos, garantizaba la supervisión de las actividades de enriquecimiento nuclear de Irán..
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