La celebración de los valores

«No tenemos a dónde mirar ni en quién confiar». Se escucha este lamento en la calle hablando de la actualidad del país y del mundo. Son muchos los españoles tristes y decepcionados, que no se reconocen en la imagen que cada día les devuelve el espejo a través de los medios de comunicación y las redes sociales. No queremos ser eso, pero ¿a quién miramos?

 Los españoles que no se reconocen en lo que reciben de la política, los medios de comunicación y las redes encuentran una referencia en esta selección  

«No tenemos a dónde mirar ni en quién confiar». Se escucha este lamento en la calle hablando de la actualidad del país y del mundo. Son muchos los españoles tristes y decepcionados, que no se reconocen en la imagen que cada día les devuelve el espejo a través de los medios de comunicación y las redes sociales. No queremos ser eso, pero ¿a quién miramos?

Mira tú por dónde la respuesta no estaba en la política cainita, ni en el narcisista debate intelectual, ni en la tóxica trinchera del periodismo, ni en los vanidosos influencers, ni en los presuntos referentes de la nada.

La respuesta a la pregunta de quiénes representan lo que queremos ser estaba en las páginas de Deportes. Permanecía algo oculta, visible para los muy aficionados al fútbol -la mayoría de los españoles-, aunque incluso ellos y ellas se pellizcaron durante el partido contra Francia, preguntándose si era realmente cierto lo que estaban viendo sus ojos. El mayor espectáculo del mundo de inteligencia colectiva.

Los demás, los que no sabemos de estrategia ni de táctica futbolística, no sólo compartimos la contagiosa alegría forofa, sino que la redoblamos al conocer mejor a las personas que hay detrás del balón. «Un chico normal, con valores, que estudia, que intenta hacer las cosas bien, y que sin fijarse en los estereotipos de fuera del fútbol, puede llegar a lo más alto». Así se definió el capitán, Rodri, cuando recibió el Balón de Oro. Un mediocentro. El equilibrio. La serenidad. La normalidad. La paciencia. La disciplina. La superación. El aguante. El esfuerzo. La generosidad.

Un mediocentro sin redes sociales. Claro que se puede.

La selección y sus valores han salido a la luz con toda su prodigiosa fuerza. Los que buscamos algunos principios morales invisibles en la vida pública vamos por ahí, tan contentos, con los mismos ojos de alegría y los mismos gestos de júbilo de los compatriotas que visten la camiseta. Somos todos la misma multitud. Una multitud que expresa su alborozo al unísono, juntos como hace 16 años, cuando éramos otros, siendo los mismos.

Nuestra felicidad al ver cómo el equipo de España llegó a la final del Mundial es tal cual la definió el canadiense Nathaniel Branden, psicólogo de la autoestima. «La felicidad es una emoción, pero es una emoción que resulta del logro de los propios valores que se han elegido. Somos felices cuando conseguimos y cumplimos aquello que es importante para nosotros».

Echamos de menos el respeto y la buena educación. «Desde pequeño me enseñaron a ser respetuoso». El seleccionador Luis de la Fuente respondió así a los maleducados argentinos en su rueda de prensa antes de la final. De la Fuente es un hombre que se viste por los pies. Así es como definían nuestros padres a los hombres confiables, capaces de superar las dificultades con temple e inteligencia emocional.

El milagro de la selección es habernos mostrado cómo queremos ser. Queremos ser como ellos se nos muestran. Con humildad, esfuerzo, ilusión, fortaleza, sacrificio, solidaridad, prudencia, disciplina. Palabras que este verano son sinónimos de España. Esa palabra que niños, jóvenes, mayores y ancianos han gritado por toda la geografía hasta quedarse afónicos. Todos españoles, con distinta piel, distinto color de ojos y de pelo, distinta ideología, distintas aficiones, pero la misma camiseta. Para que no faltara de nada en un momento perfecto, la camiseta blanca de la selección española es posiblemente la más elegante del mundo.

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