A falta de cinco carreras para el final, Kimi Antonelli podría irse ya de vacaciones, ver las carreras por la tele y ser campeón del mundo sin hacer ningún esfuerzo. Las matemáticas dicen que podría lograr el título esta semana en México incluso sin puntuar: le bastaría con que ni George Russell ni Lewis Hamilton ganasen la carrera. Podríamos hablar de simulaciones, probabilidades y escenarios posibles, pero la inmensa mayoría favorece al italiano. Russell tendría que ganar las cinco carreras y esperar a que Kimi no sumase más de un punto entre todas ellas. Moraleja: Antonelli lo tiene en el bolsillo.
A falta de cinco carreras para el final, Kimi Antonelli podría irse ya de vacaciones, ver las carreras por la tele y ser campeón del mundo sin hacer ningún esfu
A falta de cinco carreras para el final, Kimi Antonelli podría irse ya de vacaciones, ver las carreras por la tele y ser campeón del mundo sin hacer ningún esfuerzo. Las matemáticas dicen que podría lograr el título esta semana en México incluso sin puntuar: le bastaría con que ni George Russell ni Lewis Hamilton ganasen la carrera. Podríamos hablar de simulaciones, probabilidades y escenarios posibles, pero la inmensa mayoría favorece al italiano. Russell tendría que ganar las cinco carreras y esperar a que Kimi no sumase más de un punto entre todas ellas. Moraleja: Antonelli lo tiene en el bolsillo.
No es solo una cuestión numérica. El éxito del piloto de Mercedes es fruto de una alineación planetaria poco habitual: el apoyo incondicional de Toto Wolff y de Mercedes desde su más tierna edad; una trayectoria diseñada a base de atajos; un cambio de normativa que a él le ha venido bien y a su compañero, mal; un año de dominio de Mercedes y de irregularidad de sus rivales; una sorprendente progresión en su forma de pilotar, y una indiscutible buena estrella en momentos puntuales.
La adaptación de Antonelli a los coches de 2026 ha sido meteórica, y eso le permitió sumar una enorme cantidad de puntos en el arranque de la temporada, cuando Mercedes iba un paso por delante del resto. El dominio de Mercedes se tradujo en la victoria de sus pilotos en las seis primeras carreras, aunque con un reparto poco equitativo: cinco para Kimi y solo una para Russell. El británico, que ganó la primera carrera del año, tuvo problemas técnicos en la clasificación de la segunda, en China; un safety car arruinó su victoria en la tercera, en Japón; la cuarta fue Miami, un circuito que nunca se le ha dado bien y donde le faltó ritmo; en la quinta, en Canadá, su coche se apagó y tuvo que retirarse, y en la sexta, en Mónaco, fue sancionado con un drive-through a falta de cuatro vueltas para el final. La cara de Russell cuando cogió la lancha en el puerto de Mónaco para irse a casa era un poema. Casi sin darse cuenta, con solo un cuarto de la temporada disputado, su compañero ya le sacaba 68 puntos.
Ese colchón fue especialmente balsámico para Kimi que pudo correr sin presión, al menos sin la de su compañero, que, cada vez que intentaba levantar la cabeza, recibía un nuevo castigo. En Bélgica fue embestido por Lewis Hamilton en la primera vuelta. Russell quedó fuera de combate, y Lewis, sin opciones de luchar por el podio. Victoria para Kimi, a quien su buena estrella dejó sin rivales.
Mercedes se estancó y los rivales progresaron. Ferrari vivió una corta etapa de dominio que duró dos carreras; luego llegó McLaren, que ganó otras dos, y ambos desaparecieron en Italia, donde la remontada de Antonelli fue una sobredosis de adrenalina para el italiano y otro jarro de agua helada para Russell. En España, un virtual safety car le volvió a regalar a Antonelli una victoria, esta vez a costa de Norris. El VSC llegó justo cuando el británico acababa de pasar por la entrada del pit lane y justo a tiempo para que entrase Kimi.
En Austin, Kimi volvió a ganar tras tres carreras de sequía. Fue una de sus victorias más fáciles y cómodas, porque en la salida volvió a quedarse sin rivales: Max Verstappen salió mal y los Ferrari perdieron tiempo peleando con él en la primera vuelta. Cuando quisieron darse cuenta, Antonelli ya había puesto pies en polvorosa. Cero presión, cero riesgos, cero sufrimiento.
Antonelli merece el campeonato sin discusión, pero, en una temporada tan extraña como esta, creo que nosotros habríamos merecido un final más apretado. Que el italiano vaya a cerrar el título a cuatro carreras del final es una hipérbole, una exageración. Kimi ha sido superior, pero no tan superior. Su buena estrella ha dado aún más brillo a su ya radiante talento. O quizá la oscura estrella de Russell ha propiciado este desenlace. A veces, en el deporte, no basta con ser bueno: hay que estar en el lugar y el momento adecuados y tener una buena alianza con la fortuna. Veo a Russell y me acuerdo de Chris Amon, uno de esos pilotos con la estrella de la suerte fundida. Logró cinco poles y lideró casi 1.000 kilómetros en Fórmula 1 sin llegar a vencer en un gran premio oficial. Solo ganó una carrera, en Argentina, que lamentablemente no puntuaba para el campeonato. Decía Mario Andretti que, si Amon hubiese sido enterrador, la gente habría dejado de morirse.
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