La aventura del Atlético Tetuán, germen del Ceuta, con una estrella que dijo no a los grandes y un escándalo ante el Madrid

La Liga 1951-52 tuvo entre sus 16 integrantes un equipo marroquí, el Atlético Tetuán, representante de una ciudad que por entonces pertenecía al «Marruecos Español». Aquella fue la única y fugaz presencia de un club norteafricano en nuestra Primera División.

 El equipo del protectorado español en Marruecos, creado por militares en los años 30, llegó hasta la máxima categoría en la temporada 1951-52.  

La Liga 1951-52 tuvo entre sus 16 integrantes un equipo marroquí, el Atlético Tetuán, representante de una ciudad que por entonces pertenecía al «Marruecos Español». Aquella fue la única y fugaz presencia de un club norteafricano en nuestra Primera División.

En 1912, Francia y España se distribuyeron el domino, en régimen de protectorado, de lo que hoy es Marruecos. A España le correspondieron las zonas del Yebala y el Rif, contiguas a sus viejas plazas de soberanía Ceuta y Melilla, más una presencia en el condominio internacional de Tánger. En Tetuán, que llegó a ser la segunda ciudad marroquí (tras Casablanca, de la zona francesa), empezaron a surgir y desaparecer clubes de fútbol, como en todas partes. En 1931 se creó la Federación Hispanomarroquí, con sede en Ceuta, con facultades para organizar campeonatos en la región.

En 1933, Fernando Fuertes de Villavicencio, a la sazón teniente del Ejército con destino en Tetuán, mueve voluntades para fusionar varios clubes tetuanís en uno solo, que llamará Athletic Tetuán, pues él había sido jugador del Athletic de Madrid y pasados los años sería vicepresidente, cuando ya había alcanzado el grado de general y la posición de Jefe de la Casa Civil de Franco. Dotó al nuevo club de sus colores favoritos, camiseta rojiblanca y pantalón azul, pero cedió el diseño del escudo a otro de los fundadores, José Bacigalupo, hincha del Athletic de Bilbao, a cuya imagen se hizo el nuevo. En la 1934-35 quedó campeón regional, lo que le dio acceso a participar en la Copa, donde elimina al Tenerife y cae después con el Malacitano, antecedente del Málaga.

La guerra se atravesó en la historia del joven club y tras ella las autoridades impusieron que lo presidiera un general con tres vicepresidentes, uno español, otro marroquí y el tercero judío. Y se castellanizó, como en todos los clubes de España, el nombre, así que pasó a ser Atlético, igual que los de Bilbao y Madrid.

Alimentándose de futbolistas destinados allí durante la mili, soldados aptos para el fútbol y de jóvenes naturales de la ciudad, de ascendencia española o marroquí, el Atlético Tetuán cuajó en un buen equipo, que llegó a la Tercera División nacional en 1943-44, cuando se amplió la categoría a ocho grupos; el octavo mezclaba equipos andaluces y norteafricanos (Ceuta, Melilla, España de Tánger, Larache y Atlético Tetuán).

El alma máter en ese tiempo sería su presidente, Julio Porres, que estimulaba la asistencia de público con la rifa de un haiga, como se llamaba en la época a los cochazos americanos (Oldsmobile, Cadillac, Chevrolet, Buick) que veníamos en el cine. Acertó al contratar como entrenador a Santiago Núñez, con experiencia en clubes andaluces, tuvo jugadores que llegarían a ser importantes en la península (Lesmes II, Ramoní, Matito…), en la 1948-49 se presentó en Segunda y en la 1950-51 ascendió a Primera, como líder del grupo Sur, uno de los dos que componían la categoría.

Chicha se anticipa a Miguel Muñoz, en un partido ante el Madrid.
Chicha se anticipa a Miguel Muñoz, en un partido ante el Madrid.MARCA

Ser campeón de grupo conllevaba un premio extra: entrar en los cuartos de la Copa, que se jugaba a continuación de la Liga, a las puertas del verano. El contrincante sería el Barcelona, que había estrenado a Kubala en la eliminatoria anterior, ante el Sevilla, y ya era toda una celebridad. El 6 de mayo de 1951, el Estadio Varela, conocido también como La Hípica por su antiguo uso, desbordó su límite de 10.000 espectadores hasta llegar a los 15.000. Ganó el Barça 1-3, dos de Kubala y uno de César. El local lo marcó Lahsen Ben Mohammed Ahmed, Chicha, nacido en Casablanca y recién fichado, junto a Jaco Zafrani, judío, del España de Tánger. Chicha, de 1,60, era una centella negra que jugaba de extremo izquierdo.

En la vuelta ganó el Barça 4-1, con el gol tetuaní también de Chicha, de penalti, con un tiro que la prensa calificó de «sorprendente». Con los años hablé con Ramallets de aquel gol: «Intenté felicitarle, pero él huyó, porque creía que me había enfadado» . Por lo que me explicó, debió de ser algo parecido al «penalti de Panenka». El Barça le quiso fichar, pero el chico no quiso ni oír hablar de ello.

Chicha fue la gran atracción del Atlético Tetuán en aquella 1951-52, en la que el equipo africano paseó el nombre de su ciudad por todos los campos de Primera. El equipo se permitió un par de vicios, el principal de ellos ganarle al Atlético, campeón vigente, en el Varela por, 4-1 (dos de Chicha). Sucedió el 11 de noviembre de 1951, todavía en la primera vuelta. Toda una sorpresa: «El Atlético Tetuán batió al madrileño en velocidad, entusiasmo, tesón y hasta en juego», tituló Marca. El Atlético pretextó la fatiga del viaje: tren Madrid-Algeciras, barco Algeciras-Ceuta y autobús Ceuta-Tetuán. Un viaje parecido, pero a la inversa era el de los tetuanís cada dos semanas, más lejos, si iban al norte.

También consiguió un meritorio 3-3 en la visita del Madrid, el Día de Reyes de 1952, con final polémico. Ganaba el Atlético Tetuán 3-1, pero el partido acabó 3-3, según los locales con clara ayuda del árbitro Fombona, frecuentemente implicado en líos. Se le reclamaron dos penaltis, el sucio marcaje del Fifo Navarro a Chicha y, sobre todo, que Olsen se ayudó de la mano para marcar el 3-3. Hubo follón e invasión de campo en las mismísimas barbas de su Alteza Imperial, el Jalifa Muley Hassan y del Alto Comisario Español, el General Sanjurjo, que presidían el partido al alimón. Fombona fue multado con 500 pesetas y uno de sus linieres con 250 «por dirigir el partido con manifiesta parcialidad e incorrección».

En el Estadio Varela, el Atlético Tetuán consiguió discretos resultados, pero fuera sólo ganó en La Coruña y acabó último, con 19 puntos sobre 60 posibles: siete victorias, cinco empates, y 18 derrotas, 51 goles a a favor y 85 en contra. Bajaron, pero por su campo desfilaron los Zarra, Gaínza, Molowny, Kubala, César, Pahiño, Silva, Carlsson, Arza, Puchades y demás figuras de la época, para gozo de la afición de todo el protectorado, que se desplazaba de cualquier parte a ver esos partidos. Chicha levantó cada día el público de sus asientos, marcó 11 goles y recibió varias ofertas de lujo, pero a todas dijo no. No se veía a sí mismo fuera de su tierra y, por lo que de él cuentan, debía de tener un carácter muy libre, al modo del Mágico González.

En aquella plantilla estuvieron también Alarcón, más adelante central del Oviedo durante muchos años, y Jaco Zafrani, que circuló después por Las Palmas, Granada, Rayo y Ferrol para más tarde hacer una larga carrera como entrenador, siempre por equipos del sur.

Regresado a Segunda, el Atlético de Tetuán fue gallito de la categoría, siempre cerca del ascenso. En la 1952-53 marroquizó su escudo, incrustando entre sus rayas rojas la estrella majzeniana de cinco puntas inscrita en una circunferencia, ambas en verde. En 1956, la independencia de Marruecos llevó a su disolución (el 10 de julio, exactamente). La solución fue fusionarse con la Sociedad Deportiva Ceuta, al que aportó la plaza en Segunda y gran parte de su plantilla. El nuevo Atlético Ceuta vistió la camiseta rojiblanca de los tetuanís y el pantalón y medias blancas de los ceutís, cuyo estadio, Alfonso Murube, utilizó. Chicha se fue al F.U.S Rabat con Larbi Ben Barek como entrenador-jugador, y acabará en el Hassania de Agadir, cerca su Taroudant natal.

Con los años, las deudas ahogaron al Atlético Ceuta, y tras varias convulsiones el club de la ciudad se llama Agrupación Deportiva Ceuta y viste de blanco. Pero en Tetuán pervive un Moghreb Athletic de Tétouan, que conserva el escudo y el campo, ahora llamado Saniat Ramel. Es el último vestigio de aquella lejana aventura.

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