Trump, que no se había ido nunca, ha vuelto. Me refiero a sus amenazas de carácter comercial contra España. Ayer se despachó a conciencia en Ankara. Desde el gobierno presidido por Pedro Sánchez se ha respondido haciendo un llamamiento a la tranquilidad y recordando que la política comercial exterior es cosa de la UE y que es la Comisión Europea la que se ocupa del asunto. Desde Madrid daban a entender que no se pueden adoptar medidas contra un Estado miembro en concreto, sino que debían ser contra toda la UE. Esa puede ser la teoría, que dista mucho de la realidad. Tenemos ya varios ejemplos: así, Estados Unidos ha adoptado medidas de represalia durante el anterior mandato de Trump contra determinadas variedades de aceituna negra española, que todavía siguen vigentes. Es verdad que la Comisión Europea se ha movido y ha llevado el asunto ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). Pero la realidad es tozuda y, a pesar de todo lo anterior, los productores y exportadores españoles siguen pagando las consecuencias. Conclusión: pongámonos en lo peor, si el bocazas Trump cumple esta vez las amenazas que lanzó ayer.
Y, luego está lo de la pareja de hecho del presidente de Estados Unidos, que no es otro que Pedro Sánchez, el jefe del Gobierno español. Ambos se retroalimentan. Me refiero a un asunto de política interior española que ha vuelto: el techo de gasto y la posible presentación de los Presupuestos Generales del Estado para 2027. Un asunto que ha estado en el primer plano de la actualidad en las últimas horas. La conclusión es muy simple: que el gasto público se disparará, como corresponde a un año electoral. Dado que no hay posibilidad de dar a la máquina de hacer billetes, solo caben tres posibilidades: la primera, más subidas de impuestos y de darnos sablazos a los sufridos contribuyentes; la segunda, incremento del déficit público con todas las consecuencias que eso trae consigo y, la tercera, volver a aumentar la deuda pública, dejando una pesada carga a las generaciones futuras de españoles, es decir, a nuestros hijos y nietos. También es posible una combinación de los tres factores anteriores. En cualquier caso, al gobierno que salga de las próximas elecciones generales le corresponderá una pesada tarea, con una calle incendiada, previsiblemente.
El presidente de Estados Unidos amenaza con represalias comerciales que aún pagan los exportadores españoles; mientras que Sánchez eleva el techo de gasto con el riesgo de más impuestos, déficit o deuda pública
Trump, que no se había ido nunca, ha vuelto. Me refiero a sus amenazas de carácter comercial contra España. Ayer se despachó a conciencia en Ankara. Desde el gobierno presidido por Pedro Sánchez se ha respondido haciendo un llamamiento a la tranquilidad y recordando que la política comercial exterior es cosa de la UE y que es la Comisión Europea la que se ocupa del asunto. Desde Madrid daban a entender que no se pueden adoptar medidas contra un Estado miembro en concreto, sino que debían ser contra toda la UE. Esa puede ser la teoría, que dista mucho de la realidad. Tenemos ya varios ejemplos: así, Estados Unidos ha adoptado medidas de represalia durante el anterior mandato de Trump contra determinadas variedades de aceituna negra española, que todavía siguen vigentes. Es verdad que la Comisión Europea se ha movido y ha llevado el asunto ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). Pero la realidad es tozuda y, a pesar de todo lo anterior, los productores y exportadores españoles siguen pagando las consecuencias. Conclusión: pongámonos en lo peor, si el bocazas Trump cumple esta vez las amenazas que lanzó ayer.
Y, luego está lo de la pareja de hecho del presidente de Estados Unidos, que no es otro que Pedro Sánchez, el jefe del Gobierno español. Ambos se retroalimentan. Me refiero a un asunto de política interior española que ha vuelto: el techo de gasto y la posible presentación de los Presupuestos Generales del Estado para 2027. Un asunto que ha estado en el primer plano de la actualidad en las últimas horas. La conclusión es muy simple: que el gasto público se disparará, como corresponde a un año electoral. Dado que no hay posibilidad de dar a la máquina de hacer billetes, solo caben tres posibilidades: la primera, más subidas de impuestos y de darnos sablazos a los sufridos contribuyentes; la segunda, incremento del déficit público con todas las consecuencias que eso trae consigo y, la tercera, volver a aumentar la deuda pública, dejando una pesada carga a las generaciones futuras de españoles, es decir, a nuestros hijos y nietos. También es posible una combinación de los tres factores anteriores. En cualquier caso, al gobierno que salga de las próximas elecciones generales le corresponderá una pesada tarea, con una calle incendiada, previsiblemente.
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