Los emplazamientos de la NC13, una agrupación de la 3.ª Brigada de Asalto Independiente, son tan inocuos como los talleres donde reparan sus robots. El cuartel general es un subterráneo repleto de pasillos ubicado en el noreste de Ucrania al que se accede por una portezuela oxidada.
Los emplazamientos de la NC13, una agrupación de la 3.ª Brigada de Asalto Independiente, son tan inocuos como los talleres donde reparan sus robots. El cuartel general e
Los emplazamientos de la NC13, una agrupación de la 3.ª Brigada de Asalto Independiente, son tan inocuos como los talleres donde reparan sus robots. El cuartel general es un subterráneo repleto de pasillos ubicado en el noreste de Ucrania al que se accede por una portezuela oxidada.
El garaje que dirige Govorun (su apodo militar) es un simple chamizo de madera donde se han habilitado mesas de madera con antiguas cajas de embalaje.
Govorun, un ingeniero de 40 años, discute con varios de sus compañeros sobre el principal problema que enfrentan sus robots. «Se usan tantos drones aéreos con fibra óptica que se enrollan en las ruedas y, junto con el barro, los atascan», precisa, mostrando uno de los neumáticos, cuyo eje se encuentra aprisionado por cientos de estos filamentos.
Los subalternos del centro de reparaciones están desembalando los últimos modelos de vehículos terrestres no tripulados (UGV). Hay varios más ocultos por redes debajo de árboles.
«Aquí los ensamblamos. Hasta septiembre pasado sólo preparábamos robots para uso logístico. Ahora todos son robots kamikazes. Preparamos hasta 30 por mes», precisa Govorun.
Los pequeños artilugios sobre ruedas pueden conducir varias decenas de kilómetros, hasta un máximo de 50. «Solemos colocar una mina antitanque», apunta el militar ucraniano. Otras veces van equipados con hasta medio centenar de kilos de explosivo.
La agrupación NC13 fue creada en 2024 por su actual comandante, Mykola Makar Zinkevych, y su principal lugarteniente, Bar, un abogado de sólo 23 años, que se unió al ejército en 2022, cuando los rusos lanzaron la invasión general de Ucrania.
«Empezamos con los UGV en 2024. Fuimos los primeros en usar este tipo de máquinas. Ahora ya tenemos dos compañías: una de robots suicidas y otra de robots con ametralladoras y lanzagranadas», explica el joven en el subterráneo que usan como oficina principal, no lejos del frente.
Desde la introducción de los sistemas robóticos terrestres en la guerra de Ucrania, estos UGV han jugado un papel primordial en tareas como el abastecimiento logístico o la evacuación de heridos, pero agrupaciones como la NC13 han conseguido avanzar otro paso en la estrategia bélica al organizar asaltos con estos artilugios, minimizando el uso de infantería.
«Era un paso lógico en la evolución de estas máquinas. Los primeros experimentos se hicieron en 2024 y desde septiembre del año pasado se convirtió en algo sistemático», indica el teniente Bar.
El oficial recuerda cómo sus UGV consiguieron capturar el verano pasado una posición rusa y forzar la rendición de los soldados que la defendían. Según él, era un hecho inédito en la historia de los conflictos armados.
«Enviamos un primer UGV con una mina antitanque de 30 kilos para volar el búnker. Tras la primera explosión, mandamos a un segundo UGV y cuando entraba en lo que quedaba del refugio vimos un cartel que decía: ‘Queremos rendirnos’. El robot capturó a dos soldados rusos y los condujo hasta nuestras tropas», relata.
Otro robot de la NC13, equipado con una ametralladora, consiguió mantener una posición durante 45 días el invierno pasado.
Según Bar, su agrupación utiliza entre 70 y 100 robots kamikazes cada mes. «En los últimos dos meses [la entrevista se realizó en junio], nuestros UGV han completado 2.000 horas de misiones», agregó.
Ucrania se ha convertido en un país líder en el diseño y fabricación de UGV en un intento por suplir con este tipo de maquinaria la desventaja evidente que tiene en soldados frente a Rusia.
El país piensa producir 50.000 máquinas de este tipo este año, el doble de las que fabricó el año pasado, pero todavía una fracción del número de drones aéreos que genera el ejército local en la guerra, que el Ministerio de Defensa estimó que rondarán los siete millones.
«Cada mes aumenta el uso de robots. Si en enero, los drones terrestres realizaron más de 7.500 misiones, en mayo superaron las 14.000. El número de unidades que utilizan equipos terrestres ha aumentado de 117 a 230», informó en junio el Ministerio de Defensa ucraniano.
Aunque la utilizacion de UGV no ha alcanzado todavía la preeminencia de los drones aéreos, las plataformas terrestres han empezado a participar cada vez más en las arremetidas del ejército local y, a finales de junio, el citado departamento de Defensa informó sobre la implementación de un nuevo sistema de ataque, inédito hasta ahora, en el que se combinan los UGV, los drones aéreos y un reducido número de militares.
«Es un enfoque que está dando resultado en el sur [la región de Zaporiyia], donde se ha liberado una gran cantidad de territorio desde febrero, precisamente gracias al uso de estas nuevas unidades», añadió el citado departamento en un comunicado.
Hace días, otra unidad del ejército local consiguió enviar a uno de estos artilugios hasta la península de Kinburn, en la provincia de Jersón, combinando su traslado con un dron marino, que acercó al robot con ametralladora hasta la costa. En el vídeo difundido por la 123.ª Brigada de Defensa Territorial se ve al UGV llegando hasta la playa y cómo después arremetía a tiros contra una «posición rusa», según informaron los militares.
«Es la primera misión de combate conocida con este formato en todo el mundo. Es un nuevo enfoque de la guerra, donde las tareas más peligrosas las realiza una máquina», aseguraron los uniformados en su comunicado.
Como apuntaba el Instituto para el Estudio de la Guerra, el conocido canal ruso de Telegram Dos Comandantes, especializado en la guerra de Ucrania, admitió el ingente desafío que representa el avance de las capacidades de ataque de los UGV ucranianos, citando el ejemplo específico de Kinburn.
«Estamos muy rezagados tecnológicamente: luchamos con personas y ametralladoras soviéticas contra drones robóticos con IA», afirmó el canal de información ruso.
Para Yuriy Poritskyi, el principal directivo de la firma Devdroid, una de las fábricas de drones terrestres que abastece a la NC13, al principio los UGV eran motivo de chanza para algunos uniformados, dado que su escasa velocidad hacía que fuesen sobrepasados por los camiones militares.
«En cuanto Rubicón [una unidad de élite de drones aéreos rusos] apareció en la zona, vimos [a esos mismos] tres o cuatro camiones, incendiados más adelante. Ahora todos quieren tener un UGV y nadie quiere un camión, que será objetivo de los drones FPV», manifestó a una publicación local.
La vida de los UGV sigue siendo corta. Los robots suicidas, por lógica, no regresan de su misión, y los que portan ametralladoras no suelen sobrepasar el mes de existencia.
Al igual que los soldados, hay casos excepcionales en los que han perdurado durante muchos meses. «Tenemos uno que usamos en tareas logísticas, Rocky, que lleva dos años con nosotros», apunta.
La 79.ª Brigada de Asalto Aerotransportada también difundió hace sólo algunos días la historia de Abuelo, un robot apodado de tal manera por haber sobrevivido a cerca de 50 misiones durante más de un año.
«Ha transportado 19 toneladas de carga y ha superado tres ataques con FPV y explosiones de minas antipersonales», indicaron los uniformados.
En la guerra de Ucrania, cada vez son más las máquinas que luchan contra máquinas, reemplazando poco a poco a los seres humanos.
Los pilotos de la NC13 habían preparado un ataque con un UGV kamikaze contra una posición rusa. Todos los operadores que iban a participar en la operación se habían colocado delante de los monitores instalados en el búnker de mando. Pero a las 16:56, una sombra irrumpió con una celeridad inusitada en la imagen que captaba la cámara del robot, antes de que esta dejase de emitir.
El militar ucraniano elevó los brazos y soltó un insulto. «El robot está muerto. Lo acaba de destruir un dron ruso», explica Disney, el portavoz de la unidad.
Pero el «deceso» no se acoge con duelo. «Esta es nuestra filosofía: mejor que mueran robots a que mueran ucranianos. Nuestra filosofía es que los robots no sangran. Se les puede reparar o podemos comprar uno nuevo. Es la vida humana lo que no tiene precio», concluye el militar.
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