El techo de gasto y la política de la supervivencia

Alexis de Tocqueville (1805-1859), el de «La democracia en América», también escribió, en una carta a un amigo, que «los políticos se ciñen cada vez más a sus intereses individuales y lo único que les interesa es permanecer en el poder». El Gobierno de Pedro Sánchez, cuyo único objetivo es seguir en la Moncloa, aprobó ayer el llamado [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/economia/gobierno-aprueba-techo-gasto-record-226000-millones-internar-alargar-legislatura_202607076a4cdb82772f745d2c376ee0.html|||«techo de gasto»]], que es, en teoría –solo en teoría–, la cantidad máxima que podría gastar en el ejercicio siguiente. Es también el paso previo a la elaboración de los presupuestos. El «techo de gasto» también tiene que ser aprobado por el Congreso, algo imposible en los últimos años y todo indica que también en este. No obstante, la cifra aprobada por el Gobierno, y de la que presume, es la que contempla más gasto de la historia.

Casi al mismo tiempo, el Ejecutivo sanchista ha anunciado que prepara y negocia un real decreto sobre vivienda «para atraer a todos sus socios», como explican sin rubor en el entorno gubernamental. Es revelador. El objetivo de la norma, que es muy probable que vuelva a ser tumbada en el trámite parlamentario, no persigue solventar el problema de la vivienda, sino tener contentos a sus socios para que permitan que el Gobierno siga ahí, en el poder. Todo lo demás, queda claro, es accesorio, aunque esté adornado con argumentaciones farisaicas de lo magnífica que será una norma que insiste en la política que ha generado la catástrofe de la vivienda en España. El [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/madrid/ayuso-carga-gobierno-techo-gasto-acusa-sanchez-usar-presupuesto-comprar-voluntades_202607076a4cbbb2772f745d2c372c31.html|||«techo de gasto»]] es otro paso, además, para que Sánchez y los suyos se presenten como víctimas y esgriman lo mucho –y muy social, la cantinela perfecta– que podrían haber hecho si hubiera salido adelante. Forma parte, junto con unos futuros presupuestos, más fantasmales y de vocación dilapidadora que otra cosa, de la estrategia de la campaña electoral sanchista para las próximas elecciones, que ya está en marcha. El hecho de que esas cuentas sean mejores o peores y permitan o no que cada vez más españoles vivan mejor es secundario. Lo importante es el relato, que parezca que podría haber sido así, aunque no lo sea. Han cambiado pocas cosas y «los políticos se ciñen cada vez más a sus intereses individuales y lo único que les interesa es seguir en el poder», como en tiempos de Alexis de Tocqueville.

 El Gobierno convierte el límite de gasto y el real decreto de vivienda en herramientas para tener contentos a sus socios para que permitan que siga en el poder  

Alexis de Tocqueville (1805-1859), el de «La democracia en América», también escribió, en una carta a un amigo, que «los políticos se ciñen cada vez más a sus intereses individuales y lo único que les interesa es permanecer en el poder». El Gobierno de Pedro Sánchez, cuyo único objetivo es seguir en la Moncloa, aprobó ayer el llamado «techo de gasto», que es, en teoría –solo en teoría–, la cantidad máxima que podría gastar en el ejercicio siguiente. Es también el paso previo a la elaboración de los presupuestos. El «techo de gasto» también tiene que ser aprobado por el Congreso, algo imposible en los últimos años y todo indica que también en este. No obstante, la cifra aprobada por el Gobierno, y de la que presume, es la que contempla más gasto de la historia.

Casi al mismo tiempo, el Ejecutivo sanchista ha anunciado que prepara y negocia un real decreto sobre vivienda «para atraer a todos sus socios», como explican sin rubor en el entorno gubernamental. Es revelador. El objetivo de la norma, que es muy probable que vuelva a ser tumbada en el trámite parlamentario, no persigue solventar el problema de la vivienda, sino tener contentos a sus socios para que permitan que el Gobierno siga ahí, en el poder. Todo lo demás, queda claro, es accesorio, aunque esté adornado con argumentaciones farisaicas de lo magnífica que será una norma que insiste en la política que ha generado la catástrofe de la vivienda en España. El «techo de gasto» es otro paso, además, para que Sánchez y los suyos se presenten como víctimas y esgriman lo mucho –y muy social, la cantinela perfecta– que podrían haber hecho si hubiera salido adelante. Forma parte, junto con unos futuros presupuestos, más fantasmales y de vocación dilapidadora que otra cosa, de la estrategia de la campaña electoral sanchista para las próximas elecciones, que ya está en marcha. El hecho de que esas cuentas sean mejores o peores y permitan o no que cada vez más españoles vivan mejor es secundario. Lo importante es el relato, que parezca que podría haber sido así, aunque no lo sea. Han cambiado pocas cosas y «los políticos se ciñen cada vez más a sus intereses individuales y lo único que les interesa es seguir en el poder», como en tiempos de Alexis de Tocqueville.

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