El instituto con dificultades que ahora es el más demandado con un dictado y una hora de lectura en clase cada día

<p>El<strong> IES Lucía de Medrano </strong>ha pasado de ser un centro con dificultades a convertirse en el más demandado de Salamanca, con <strong>350 </strong>solicitudes por curso -el doble que hace una década- y lista de espera para entrar. En <strong>2014</strong> el equipo directivo cambió de arriba abajo este instituto público y logró crear un «efecto llamada» gracias a un proyecto lingüístico que, entre otras cosas, ha puesto a los integrantes de la <strong>Generación Z</strong> a hacer cada día <a href=»https://www.elmundo.es/elecciones/elecciones-generales/2023/07/08/64a99e43fc6c8336568b45d9.html»>un dictado</a> y una hora de lectura en el aula, gracias a las clases de refuerzo que reciben por las tardes los alumnos rezagados y gracias al <strong>Bachillerato de Investigación y de Excelencia</strong>, que la Junta de <a href=»https://www.elmundo.es/castilla-y-leon.html»>Castilla y León </a>lleva 10 años fomentando para que los cerebrines no se aburran.</p>

Seguir leyendo

 La fórmula mágica de Castilla y León, en el ‘top 10’ mundial de la educación pese al abandono escolar de España: «En el recreo se llena las biblioteca»  

El IES Lucía de Medrano ha pasado de ser un centro con dificultades a convertirse en el más demandado de Salamanca, con 350 solicitudes por curso -el doble que hace una década- y lista de espera para entrar. En 2014 el equipo directivo cambió de arriba abajo este instituto público y logró crear un «efecto llamada» gracias a un proyecto lingüístico que, entre otras cosas, ha puesto a los integrantes de la Generación Z a hacer cada día un dictado y una hora de lectura en el aula, gracias a las clases de refuerzo que reciben por las tardes los alumnos rezagados y gracias al Bachillerato de Investigación y de Excelencia, que la Junta de Castilla y León lleva 10 años fomentando para que los cerebrines no se aburran.

No son un centro bilingüe -es más, no les gusta este modelo-, pero los bachilleres hacen unos trabajos de investigación en inglés o francés, tutorizados por profesores de la Universidad de Salamanca, que se asemejan a tesis doctorales. Por ejemplo, el adolescente León García Luengo estudió coreano para entender la ideología Juche de Kim Il-sung. Su compañera Emma Velo logró que le abrieran los talleres de Elsa Schiaparelli en París para disertar sobre la relación entre la moda y el surrealismo. Y el trabajo de Aya Chouja Azouz, 17 años y nota media de 10, ha abierto una nueva línea de investigación en el Instituto de Neurociencias de Castilla y León.

«Se trata de un estudio sobre la autofagia en el córtex prefrontal del cerebro de los ratones y cómo afecta la ausencia de la proteína MSK1», explica su propia autora, que dice que ha «aprendido más con este trabajo que en todo un curso». Su hermano, Anás Chouja Azouz, ha diseñado con su amigo Alberto Domínguez -ambos tienen media de 9- un chatbot para los pacientes de cirugía maxilofacial.

Anás, Alberto y Aya quieren estudiar Medicina. El padre de los hermanos Chouja es camarero y la madre estudia para ser auxiliar de enfermería. Proceden de Marruecos. A sus hijos les gusta leer. También leen a diario sus compañeros autores de otras investigaciones, como el Estudio de la diabetes tipo 2 a través de las líneas celulares C2C12 y 3T3-L1, la Clasificación molecular del carcinoma endiometrial y o la Modulación de la P-glicoproteína mediante tioxantonas en la nefrotoxicidad inducida por cisplatino: un estudio en vivo.

Recorrer el Lucía de Medrano, construido en 1966 en un barrio de entorno socioeconómico medio-bajo, es como seguir el plano secuencia de la serie Adolescencia pero a la inversa: donde en la ficción hay caos, descontrol y pelas, en este instituto de 1.000 alumnos y 104 profesores, que está abierto de 7.45 a 22.00 horas, hasta los tiempos de descanso se planifican con cuidado. Un ocio ordenado diseñado por el equipo directivo a base de pasarse días cuadrando los planillos.

En una sala ensaya el coro de alumnos y profesores. En el gimnasio unos chicos entrenan en las máquinas de ejercicios. Otros juegan al ping pong, al ajedrez o a la rana, y más allá hay un rocódromo para practicar escalada y un anfiteatro al aire libre con gradas entre el césped. «Antes había mucho conflicto, pero desde que hemos implantado los recreos activos no hay partes de disciplina», cuenta el director, el profesor de Filosofía José Ángel Torijano, que recuerda las tres cosas que cambiaron al llegar.

En primer lugar, hicieron «que la biblioteca dejara de ser el lugar donde se enviaba a los castigados para que no se identificarse la lectura con algo malo». En segundo lugar, limpiaron los baños, poniendo papel higiénico, espejos y secadores eléctricos de manos, «porque los alumnos respetan más lo que sienten como propio». Por último, Torijano fue al barrio de Buenos Aires, donde estudiaban sus alumnos de etnia gitana, para conocer al que mandaba allí: «Don Luis, igual de patriarca que es usted con los suyos lo soy yo en el instituto, así que le pido que me ayude a que los chavales atiendan». «Tiene razón, don Ángel, voy a hablarles a las familias», le respondió el patriarca. Y, desde entonces, aquellos críos prestaron atención.

image

Hay más institutos públicos como éste repartidos por Castilla y León, la mejor región de España en educación en un país que no destaca en los ránkings internacionales y es líder de la UE junto a Rumanía en abandono escolar temprano. Esta autonomía ha quedado en el top 10 mundial del último informe PISA, por encima de Finlandia en la prueba de lectura. El truco es que no hay truco: los profesores enseñan, los alumnos atienden y los padres están pendientes de sus hijos. «Castilla y León mezcla tradición e innovación para una enseñanza de calidad. Simplemente hemos puesto en el centro a los alumnos y cuidamos de los profesores. Hacemos cosas muy cortitas y muy pequeñas, pero que luego tienen una trascendencia enorme», sintetiza el director. ¿Como qué?

José Ángel Torijano lo explica así: «El punto de partida fue el diagnóstico: los alumnos no leen y no saben suficiente vocabulario. No es que no sepan resolver un problema, es que no comprenden su enunciado. Hay chicos que levantan la mano porque no conocen el significado de la palabra sortija. Por eso tenemos cuatro puntos fundamentales: lectura, vocabulario, refranes y ortografía».

Todos los centros de Castilla y León tienen un proyecto lector. En teoría, la Lomloe obliga a la lectura diaria, pero en la mayoría de institutos de España, agobiados por un currículo sobrecargado y por la presión de la Selectividad, este hábito no se cumple con la periodicidad que establece la ley. En el Lucía Medrano, donde estudió Carmen Martín Gaite, el proyecto lingüístico es el eje sobre el que pivota el resto de actividades.

«Los alumnos hacen un dictado breve al día que cuenta para la nota, como todo. Los chicos leen unas siete líneas, el profesor se las repite y las escriben poniendo atención a las faltas. También tenemos una hora de lectura diaria en clase, porque los críos en casa no quieren leer y, de esta forma, tienen en el centro un espacio y un lugar fijo. Cada día ambas actividades se hacen en una franja horaria distinta para que estén presentes en todas las asignaturas. Por ejemplo, los lunes leen en Lengua; los martes se dedican a autores de Filosofía; los miércoles, trabajan con textos científicos en Física…», detalla el director.

Cada día, en la puerta del instituto, escribe con grandes letras una palabra distinta y su significado. Los alumnos también tienen que aprenderse un refrán cada semana. Hay varios clubes de lectura, una radio escolar, un concurso de relatos, itinerarios lectores, un club de debate y un proyecto de la Junta que permite a los estudiantes elegir una novela, leer su primer capítulo y sugerirle a su autor qué camino debería tomar la trama. El Gobierno de Castilla y León, además, ha puesto todos los libros de las bibliotecas a disposición de los alumnos de forma gratuita en internet. El resultado de tanta insistencia en el libro como instrumento del aprendizaje es el siguiente: «Durante los recreos se llena de gente la biblioteca, que tiene más de 14.000 volúmenes», asegura el director.

Pilar Valero, con alumnas en el laboratorio de Ciencias.
Pilar Valero, con alumnas en el laboratorio de Ciencias.DAVID ARRANZ

La otra pata del proyecto lingüístico son los idiomas. «No somos un centro bilingüe, pero los resultados en inglés, francés, portugués y alemán están por encima de la media», explica Manuela Blanco de Mena, la jefa de estudios, que añade que organizan intercambios con otros países desde 2º de la ESO. Además, son partidarios de dividir por nivel a los alumnos desde 1º de la ESO. «Vienen a observar lo que hacemos desde el extranjero y se quedan alucinados. ¿Tú crees que los alumnos de Finlandia tienen el nivel de los nuestros?», pregunta Torijano. Precisamente, dos docentes llegados de Austria llevan dos semanas en el centro. Lo que más les ha gustado son los «recreos lingüísticos».

«Los recreos lingüísticos son zonas del patio donde, durante 25 minutos, un profesor habla inglés, francés, alemán o portugués con los alumnos. No hay nada preparado, es una conversación informal durante el recreo. Nos está dando muy buenos resultados», dice Torijano.

Otra de las cosas que les llama la atención a los observadores internacionales es «que los alumnos estén con su cuaderno y su libro y tomen los apuntes a mano». La política respecto a las pantallas es conservadora: «Tenemos tecnología, pero no la usamos de forma obsesiva. Hay carritos con portátiles y tabletas que se quedan en el centro, pero no obligamos a las familias a comprarlos. Ponemos partes si se enciende el móvil y a los padres les hemos enseñado a bloquear el dispositivo por la noche».

El idioma extranjero es uno de los puntos fuertes del Bachillerato de Investigación y Excelencia, que ofrece de forma gratuita dos horas adicionales de inglés a la semana y dos horas de alemán en la escuela oficial de idiomas, además de una hora para preparar proyectos, visitar la universidad y participar en seminarios. Esta modalidad de Bachillerato exige un mínimo de 7 en la ESO, la misma nota que se pide en Inglés.

Alumnos de 4º de la ESO en la biblioteca.
Alumnos de 4º de la ESO en la biblioteca.DAVID ARRANZ

Para reducir el número de alumnos rezagados, la Junta lleva varias décadas priorizando los planes de refuerzo gratuitos, como el Programa de Éxito Educativo o el PROA. Es una de las pocas comunidades autónomas que abre los colegios y los institutos por las tardes y en los meses de verano para explicarles a los alumnos en pequeños grupos todo lo que no han entendido durante el periodo lectivo. Estas clases particulares muchas veces las imparten sus propios profesores, que reciben un complemento adicional por esta tarea que realizan de forma voluntaria. En el Lucía Medrano tienen a un profesor externo que se desplaza expresamente al centro para atender a este alumnado.

Tanto el director como las orientadoras están convencidos de que «si un alumno no está bien, no puede sacar buenas notas» y de que «si mejora el comportamiento suben los resultados». No es casual, por tanto, que pongan tanto énfasis en el «bienestar emocional», practicando la disciplina positiva -«En vez de regañar a un alumno por correr por el pasillo, le decimos: ‘Si vas tan rápido no puedo preguntarte cómo estás’»- y creando grupos de encuentro para los adolescentes con problemas de salud mental.

Se echa encima la mañana y en la clase de Historia de 4º de la ESO 3 los estudiantes Alejandro López y Eric Serna hacen una presentación sobre María de Maeztu. En la clase de al lado, 4º de la ESO 2, la profesora Pilar Valero, doctora en Biología y licenciada en Biología y Bioquímica, explica cómo se produce la replicación del ADN. Las aulas conservan las mismas tarimas -«Son esenciales para poder ver bien al profesor»- desde hace 60 años. También tiene esa antigüedad el laboratorio de Ciencias, que cuenta con una de las colecciones escolares de animales disecados más importantes de Salamanca. «Los alumnos de ahora son distintos, su capacidad de atención es diferente y los profesores debemos adaptarnos a ellos», opina Valero, que estudió en este instituto cuando sólo era femenino. Hasta 1983 no se matriculó el primer chico.

La profesora explica con una sonrisa que le «encanta enseñar» y se muestra orgullosa de que sus alumnos hagan «trabajos tan concienzudos». El director está de acuerdo: «No hay nada comparable a la satisfacción que proporciona ver a un chaval de 17 años que se encuentra bien y que además diserta maravillosamente sobre los protones».

 España

Noticias Similares