Todo comenzó con una pequeña botella de líquido marrón rojizo que parecía un inocente jarabe para la tos. A finales de junio de 2024, un profesor de química jubilado envió el frasco por correo a un antiguo colega de laboratorio. No había nada especialmente llamativo en aquel recipiente, salvo que la policía china llevaba semanas siguiendo los movimientos de su destinatario.
Un profesor universitario retirado y un joven científico levantaron una red de drogas con laboratorios repartidos en el Sudeste Asiático. Una investigación de casi dos años y una operación policial con 71 detenidos han destapado una trama que recuerda a la célebre serie de televisión estadounidense
Todo comenzó con una pequeña botella de líquido marrón rojizo que parecía un inocente jarabe para la tos. A finales de junio de 2024, un profesor de química jubilado envió el frasco por correo a un antiguo colega de laboratorio. No había nada especialmente llamativo en aquel recipiente, salvo que la policía china llevaba semanas siguiendo los movimientos de su destinatario.
Los agentes interceptaron una muestra y la enviaron a analizar. El resultado reveló que contenía un compuesto químico precursor de una potente sustancia utilizada como anestésico y convertida en una nueva droga de moda en Asia.
Aquel frasco era la primera prueba de una trama que acabaría extendiéndose por cuatro países, con laboratorios clandestinos, científicos especializados, transportistas, contrabandistas y millones de yuanes en efectivo.
Los investigadores tardaron dos años en reconstruir el rompecabezas. Cuando consiguieron hacerlo, descubrieron que detrás de aquella operación estaba un profesor universitario retirado que había puesto sus conocimientos científicos al servicio de una organización criminal. Las redes sociales chinas no tardaron en bautizar el caso como el «Breaking Bad de China».
El paralelismo mediático con Walter White, el profesor de química que se transforma en fabricante de metanfetamina en la célebre serie estadounidense, resultaba irresistible. Pero el protagonista chino no trabajaba en una caravana perdida en el desierto de Nuevo México. Había aprovechado su antigua red de contactos académicos para conseguir laboratorios dentro de fábricas químicas repartidas por cinco ciudades chinas.
Allí, según la investigación policial, diseñó y perfeccionó un procedimiento para fabricar precursores de etomidato, un anestésico que también se consume ilegalmente en cigarrillos electrónicos conocidos como «vapeadores zombis».
La investigación arrancó en Zibo, una ciudad industrial de la provincia de Shandong. Una empresa farmacéutica había comprado cantidades sospechosas de varios productos químicos. La compañía era legal y las sustancias seguían prácticamente intactas en sus almacenes. Lo extraño era el empleado que había ordenado su adquisición.
Se apellidaba Huang, tenía poco más de 30 años, un máster en química, esposa e hijos y una prometedora carrera profesional. Había abandonado repentinamente su empleo, después de apenas tres meses, alegando que quería prosperar en el sur del país.
Los investigadores descubrieron que su nueva empresa era mucho más pequeña que la anterior. Además, Huang viajaba constantemente entre la provincia de Shandong, Shenzhen, Vietnam, Tailandia y Camboya. Cuando permanecía en Zibo, pasaba jornadas enteras encerrado en un laboratorio junto a Wu, un antiguo profesor de química de una universidad local.
Según los agentes, Wu era el cerebro científico del negocio y Huang su principal organizador. Juntos habían desarrollado un sistema para producir en China compuestos de elevada pureza y completar su transformación en la droga final fuera del país.
La estrategia respondía a un cálculo jurídico. China había sometido el etomidato a un control más estricto después de que comenzara a proliferar su consumo recreativo. Pero los sospechosos pensaron que podían dificultar la persecución penal separando las distintas fases de producción. Si la policía encontraba únicamente determinados precursores en los laboratorios chinos, no bastaría necesariamente para demostrar que estaban fabricando una droga ilegal.
El negocio comenzó a crecer y la red se expandió. Consiguieron construir una cadena transfronteriza que comenzaba en los laboratorios chinos y terminaba en mercados tan alejados como Malasia, Indonesia y Australia. Los componentes viajaban en pequeños envíos, con etiquetas retiradas, declaraciones de mercancías falsas o escondidos entre otros productos legales. Una vez elaborada, la droga podía camuflarse incluso como aceite de camelia vietnamita.
Hace un par de meses, después de muchos seguimientos, análisis químicos y cooperación internacional, llegó la operación definitiva. Los agentes de varias provincias chinas realizaron detenciones simultáneas mientras policiales de Vietnam y Tailandia irrumpían en instalaciones previamente identificadas. El balance fue de 71 sospechosos arrestados.
Entre los detenidos estaban el profesor Wu y sus colaboradores científicos. La legislación china contempla penas extremadamente severas para la fabricación y el tráfico de drogas, incluida la pena capital.
El caso chino no es el único que ha encontrado un inquietante reflejo en la ficción televisiva. En julio de 2025, la Policía de India detuvo en el estado de Rajastán a dos profesores de Química que, según los investigadores, se habían inspirado directamente en Breaking Bad para montar un laboratorio clandestino en un apartamento de dos habitaciones. Los agentes intervinieron 780 gramos de mefedrona, una droga sintética estimulante, preparada para su distribución.
Un año antes, la policía de Chennai, en el sur de India, había descubierto otro laboratorio improvisado dentro de una vivienda. Entre los siete detenidos figuraban varios estudiantes de ingeniería y un joven químico.
Los sospechosos estaban acusados de producir metanfetamina, la misma droga que fabricaba Walter White en la serie. En marzo de 2026, otro profesor de química fue arrestado en la ciudad de Agra por su participación en una red que elaboraba precursores destinados a la producción de drogas sintéticas.
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