Nicholas se coloca sus enormes lentes redondas sobre su rechoncha cara. Acaba de despertarse sobre la arena de una playa, y el mar moja sus ropas colegiales. La cámara distorsiona lo que vemos con un ojo de pez mientras el protagonista se tambalea buscando a otros como él. Así comienza la primera serie de televisión sobre la obra de William Golding, «El señor de las moscas», uno de los clásicos de la literatura del siglo XX que estrena Movistar Plus+ con cuatro capítulos de una hora, adaptados por Jack Thorne («Adolescencia») para la BBC.
Pronto comprobamos que a la playa acuden una veintena de niños supervivientes de un accidente de avión, del que no se salva ningún adulto. En cada episodio nos pondremos en la piel de cada uno de los cuatro protagonistas. Ralph (Winston Sawyers) representa el orden y la civilización y rápidamente traba amistad con Nicholas (David McKenna), al que llamarán Piggy, adalid de la razón y cordura de la sociedad. También Simon (Ike Talbut), como recordatorio de la bondad del hombre. Y en el lado completamente opuesto, Jack (Lox Pratt), inconfundible con su deseo de poder y la maldad. El espectador enseguida entra en la dinámica que obliga a los chicos a valerse por sí mismos y tomar algunas decisiones basadas en el orden dentro del caos, la necesidad de cuidar de los pequeños y las labores para garantizar que los rescaten. A esto ayuda mucho el escenario natural de la isla donde acontece la trama y la música, compuesta por Cristobal Tapia de Veer, Kara Talve y Hans Zimmer. En ocasiones parecerá una película juvenil de sábado por la tarde y en otras ocasiones una obra de autor pasada por algún tipo de alucinación cinematográfica.
Durante todo el metraje, la isla se comporta como un personaje más, hosco y hostil, salpicado por imágenes de animales y flora al más puro estilo de documental de la BBC. La elección de Ralph como jefe y de Jack como líder de los cazadores (y del coro) determinará el devenir de este thriller que transforma las situaciones de desamparo en angustia vital con toda la intencionalidad del mundo.
Poco a poco la convivencia empieza a resquebrajarse cuando los encargados del fuego para que sean rescatados no cumplen y los cazadores no son capaces de hacerse con un jabalí. Las confianzas se tambalean y se duda de las normas. ¿Por qué atenerse a ellas si —sin adultos— es mucho más divertido vivir sin reglas? Lo que comenzó siendo una divertida aventura de robinsones, creando lanzas, haciendo fuego y construyendo refugios, se convierte con la pérdida de la inocencia en un paralelismo crudo y muy realista de cualquier sociedad. Creada por Jack Thorne y dirigida por Marc Munden, ambos le imprimen a la producción una visión oscura, caótica y salvaje de nuestros miedos más atroces con mucha maestría. Pero todo esto no sería nada sin el reparto. El conjunto de actores escogidos para protagonizar cada episodio es el verdadero talismán de «El señor de las moscas». Su pasado volverá para atormentarles y consiguen elaborar interpretaciones intensas y vivas; sufriremos con cada una de sus respiraciones hasta acabar o huyendo con los buenos o bailando de modo ritual como los menos buenos. Mención especial a David McKenna, que realiza un trabajo digno de ser premiado con elogios y galardones, puesto que consigue que nos unamos a su causa —perdida desde el principio—, y que es el único que no pierde la perspectiva de todo lo que está pasando, aunque no pueda hacer nada para remediarlo. La historia paralela de dos de los niños entre ellos y las conversaciones sobre los padres abren una vieja trampa para que el espectador simpatice.
Hay muchas escenas cargadas de simbolismo y violencia, pero tenemos que destacar aquella en la que se recrea el accidente de avión y se equipara con el asesinato de un jabalí. Los chillidos de ambas escenas les levantará el vello. El formato de serie permite explorar con más libertad el conflicto moral de la obra con más espacio para que los personajes se desarrollen, para bien o para mal. En algunas entrevistas, Thorne ya adelantó que la serie pretende dialogar con el populismo y con la fragilidad del orden social, y que le «interesaba» recuperar una obra que «permite observar cómo se quiebra una comunidad juvenil».
«El señor de las moscas» es, sin duda alguna, una de las series del año. Un viaje fugaz por el mundo atormentado de un joven antes de convertirse en hombre. Una ilusión de una sociedad idílica, sin adultos, con comida y diversión, pero que acabará convirtiendo a unos muchachos en aquello que no nos gusta de nosotros mismos.
Tres versiones, distintas, el mismo mensaje
«El señor de las moscas» ha tenido ya varias adaptaciones, aunque ninguna tan larga como una serie. La más conocida sigue siendo la película de Peter Brook de 1963, muy austera y fiel al espíritu opresivo del libro. Brook fue nominado para la Palma de Oro en Festival Internacional de Cine de Cannes de ese mismo año. La versión de Harry Hook de 1990 trasladó la historia a un contexto más contemporáneo y acentuó la violencia. A diferencia de las versiones fílmicasm esta nueva miniserie de la BBC se distingue por ampliar la psicología de los personajes y por darle a cada uno un espacio propio.
Movistar Plus+ estrena la primera versión televisiva de la novela de William Golding de 1954, «El señor de las moscas», creada por Jack Thorne («Adolescencia») para la BBC
Nicholas se coloca sus enormes lentes redondas sobre su rechoncha cara. Acaba de despertarse sobre la arena de una playa, y el mar moja sus ropas colegiales. La cámara distorsiona lo que vemos con un ojo de pez mientras el protagonista se tambalea buscando a otros como él. Así comienza la primera serie de televisión sobre la obra de William Golding, «El señor de las moscas», uno de los clásicos de la literatura del siglo XX que estrena Movistar Plus+ con cuatro capítulos de una hora, adaptados por Jack Thorne («Adolescencia») para la BBC.
Pronto comprobamos que a la playa acuden una veintena de niños supervivientes de un accidente de avión, del que no se salva ningún adulto. En cada episodio nos pondremos en la piel de cada uno de los cuatro protagonistas. Ralph (Winston Sawyers) representa el orden y la civilización y rápidamente traba amistad con Nicholas (David McKenna), al que llamarán Piggy, adalid de la razón y cordura de la sociedad. También Simon (Ike Talbut), como recordatorio de la bondad del hombre. Y en el lado completamente opuesto, Jack (Lox Pratt), inconfundible con su deseo de poder y la maldad. El espectador enseguida entra en la dinámica que obliga a los chicos a valerse por sí mismos y tomar algunas decisiones basadas en el orden dentro del caos, la necesidad de cuidar de los pequeños y las labores para garantizar que los rescaten. A esto ayuda mucho el escenario natural de la isla donde acontece la trama y la música, compuesta por Cristobal Tapia de Veer, Kara Talve y Hans Zimmer. En ocasiones parecerá una película juvenil de sábado por la tarde y en otras ocasiones una obra de autor pasada por algún tipo de alucinación cinematográfica.
Durante todo el metraje, la isla se comporta como un personaje más, hosco y hostil, salpicado por imágenes de animales y flora al más puro estilo de documental de la BBC. La elección de Ralph como jefe y de Jack como líder de los cazadores (y del coro) determinará el devenir de este thriller que transforma las situaciones de desamparo en angustia vital con toda la intencionalidad del mundo.
Poco a poco la convivencia empieza a resquebrajarse cuando los encargados del fuego para que sean rescatados no cumplen y los cazadores no son capaces de hacerse con un jabalí. Las confianzas se tambalean y se duda de las normas. ¿Por qué atenerse a ellas si —sin adultos— es mucho más divertido vivir sin reglas? Lo que comenzó siendo una divertida aventura de robinsones, creando lanzas, haciendo fuego y construyendo refugios, se convierte con la pérdida de la inocencia en un paralelismo crudo y muy realista de cualquier sociedad. Creada por Jack Thorne y dirigida por Marc Munden, ambos le imprimen a la producción una visión oscura, caótica y salvaje de nuestros miedos más atroces con mucha maestría. Pero todo esto no sería nada sin el reparto. El conjunto de actores escogidos para protagonizar cada episodio es el verdadero talismán de «El señor de las moscas». Su pasado volverá para atormentarles y consiguen elaborar interpretaciones intensas y vivas; sufriremos con cada una de sus respiraciones hasta acabar o huyendo con los buenos o bailando de modo ritual como los menos buenos. Mención especial a David McKenna, que realiza un trabajo digno de ser premiado con elogios y galardones, puesto que consigue que nos unamos a su causa —perdida desde el principio—, y que es el único que no pierde la perspectiva de todo lo que está pasando, aunque no pueda hacer nada para remediarlo. La historia paralela de dos de los niños entre ellos y las conversaciones sobre los padres abren una vieja trampa para que el espectador simpatice.
Hay muchas escenas cargadas de simbolismo y violencia, pero tenemos que destacar aquella en la que se recrea el accidente de avión y se equipara con el asesinato de un jabalí. Los chillidos de ambas escenas les levantará el vello. El formato de serie permite explorar con más libertad el conflicto moral de la obra con más espacio para que los personajes se desarrollen, para bien o para mal. En algunas entrevistas, Thorne ya adelantó que la serie pretende dialogar con el populismo y con la fragilidad del orden social, y que le «interesaba» recuperar una obra que «permite observar cómo se quiebra una comunidad juvenil».
«El señor de las moscas» es, sin duda alguna, una de las series del año. Un viaje fugaz por el mundo atormentado de un joven antes de convertirse en hombre. Una ilusión de una sociedad idílica, sin adultos, con comida y diversión, pero que acabará convirtiendo a unos muchachos en aquello que no nos gusta de nosotros mismos.
Tres versiones, distintas, el mismo mensaje
►«El señor de las moscas» ha tenido ya varias adaptaciones, aunque ninguna tan larga como una serie. La más conocida sigue siendo la película de Peter Brook de 1963, muy austera y fiel al espíritu opresivo del libro. Brook fue nominado para la Palma de Oro en Festival Internacional de Cine de Cannes de ese mismo año. La versión de Harry Hook de 1990 trasladó la historia a un contexto más contemporáneo y acentuó la violencia. A diferencia de las versiones fílmicasm esta nueva miniserie de la BBC se distingue por ampliar la psicología de los personajes y por darle a cada uno un espacio propio.
Programación TV en La Razón
