Tras una pequeña tregua y alguna tormenta en Burdeos, el calor extremo regresó al Tour, 39 grados ayer en la meta de Bergerac, los mismos que se esperan para este domingo en Ussel, donde se han recortado 30 kilómetros, lo nunca visto. Un insoportable compañero habitual, pues lo raro empieza a ser no convivir con alguna de las olas que se suceden. Chalecos de hielo, bolsas en la nuca, ventiladores vaporizados, avituallamientos por doquier… Hasta un colchón inteligente que enfría la cama de Pogacar y sus compañeros. La lucha contra la canícula y sus consecuencias en el alto rendimiento no sólo es el principal tema de conversación en el pelotón, es el verdadero quebradero de cabeza de los equipos y la organización.
La primera semana ha estado marcada por las insoportables temperaturas. La etapa de hoy, recortada. Los equipos tratan de innovar sus técnicas de ‘cooling’.
Tras una pequeña tregua y alguna tormenta en Burdeos, el calor extremo regresó al Tour, 39 grados ayer en la meta de Bergerac, los mismos que se esperan para este domingo en Ussel, donde se han recortado 30 kilómetros, lo nunca visto. Un insoportable compañero habitual, pues lo raro empieza a ser no convivir con alguna de las olas que se suceden. Chalecos de hielo, bolsas en la nuca, ventiladores vaporizados, avituallamientos por doquier… Hasta un colchón inteligente que enfría la cama de Pogacar y sus compañeros. La lucha contra la canícula y sus consecuencias en el alto rendimiento no sólo es el principal tema de conversación en el pelotón, es el verdadero quebradero de cabeza de los equipos y la organización.
La ciencia alerta, el golpe de calor es más que una posibilidad: si el cuerpo no se enfría, la pérdida de líquido hace que la sangre sea más densa y elimine menos toxinas por los riñones. ¿Dónde está el límite? «Es sólo cuestión de tiempo antes de que el Tour se encuentre con un día de estrés térmico extremo que ponga a prueba los protocolos de seguridad existentes», advertía Ivana Cvijanovic, investigadora del IRD (Investigación para el Desarrollo Sostenible) y autora principal de un estudio publicado hace meses en Scientific Reports.
En el pelotón no queda otra que la resignación, conscientes de que poco pueden hacer y de que el Tour, su leyenda, también se fraguó en las condiciones extremas del verano en que se celebra. «Preocupa, claro, porque llega un punto en que te baja el rendimiento. Y estamos aquí para competir», protesta Imanol Erviti, director del Ineos, el equipo que dejó una de las imágenes más curiosas de este Tour, con todos sus corredores, en fila, con los brazos metidos en agua antes de la contrarreloj de Barcelona. «Hacemos estrategias, un montón de historias. Esa es la mayor novedad que hemos añadido. Ayuda a bajar un poco la temperatura de todo el cuerpo, al core», explica.
«Al final el calor está ahí para todos. Cuando te montas en la bici no puedes hacer mucho más, agua siempre, hielo en la nuca…», reflexiona Josemi Fernández, director del Caja Rural, que presume de avance en el bus del equipo: un urinario inteligente capaz de medir en tiempo real el nivel de hidratación de los corredores.
«Sólo podemos sobrevivir», se sinceraba ayer el propio Pogacar ante lo que hoy le aguarda. Un veterano como Ion Izagirre, en su última temporada como profesional, no deja de sorprenderse del sopor: «Está primera semana está haciendo mucho daño». «Hacemos lo que podemos. Hielo, agua fresca, granizados, chalecos de frío… La carrera concluye en la parte más calurosa del día», avisa quien, de todos los trucos, el que más le funciona es «el granizado que solemos tomar justo antes. Lo que ingieres, está dentro del intestino y el estómago». Para Javi Romo, del Movistar, quien, como buen toledano, sabe de lo que va el calor, no hay nada como «echarse agua encima» y avisa de otro peligro, la hiperhidratación: «Hay veces que bebes tanta agua que vas hinchado. No te puedes pasar».
Mikel Zabala, doctor en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad de Granada y ex responsable de rendimiento del Movistar Team, habla de otras alternativas de cooling, de «combinar métodos», del «enjuague bucal de mentol, que engaña a los receptores de la garganta y reduce la sensación de calor y el esfuerzo percibido». De «la taurina, que aumenta la sudoración y baja la temperatura central». De «muñequeras de hielo». De la importancia de los tejidos y los colores de la ropa: «Está demostrado que el color blanco, en botas, calcetines e incluso cascos, impide el recalentamiento corporal». E incluso de «sensores que hacen un tracking de la temperatura del cuerpo en tiempo real».
Todo eso es el durante, pero para hacer frente al calor extremo es fundamental el antes. El entrenamiento. «Cuando entrenas con mucho calor, sudas más de lo habitual. Y el sudor sale del plasma, la parte líquida de la sangre. El volumen de plasma baja y la sangre se queda más concentrada de glóbulos rojos. Los riñones detectan esa concentración anormal y para corregirla, liberan una hormona que es la EPO, que estimula a la médula ósea para fabricar más glóbulos rojos. Más hemoglobina, más oxígeno, más rendimiento en resistencia», detalla Zabala que habla de meter al ciclista «en una habitación pequeña, con calefactores, a 35-40 grados, de 60 a 90 minutos en rodillo varias veces por semana. El mono o ropa extra cumple la misma función cuando no hay forma de calentar tanto el ambiente». Esfuerzos «que ayudan en cierto punto», dice Abel Balderstone, debutante en el Tour, aunque él prefiere «la sauna».
El aumento global de la temperatura no ayuda y las soluciones pueden pasar por cambios de fechas u horarios. «Adelantar las etapas podría ser un escenario. Pero entramos en decisiones que no son nuestras, son más del organizador, del business. No será fácil, porque es un producto súper establecido, que tiene unos horarios y unas costumbres. Aunque llegará el momento en que tengan que explorarlo. O cambiar el calendario», cuenta Erviti, que recuerda su reciente etapa de ciclista en el Movistar y cómo «cuando estaba adaptado, me gustaba. Los extranjeros lo pasaban peor. Veías a alguno que iba al límite». «Es muy mítico que se haga en julio, es difícil que se cambie. Quizá adelantar un poco la salida», pide Balderstone. «O recortar el recorrido en casos extremos. Jugar con los rangos horarios. Lo que ocurre es que en el ciclismo actual es una utopía. Se responde a una audiencia y recorridos», concluye Zabala.
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