La única vez que Carlos Alcaraz había pisado el Wiener Stadthalle de Viena tenía 18 años, todavía no había ganado un Grand Slam, ocupaba el puesto 42 del mundo y vestía una camiseta Nike básica, de las que se encuentran en cualquier tienda. Era 2021. Las cosas han cambiado. Aquel adolescente es ahora un campeón de siete grandes, pero este martes regresó al torneo austríaco, un ATP 500 como tantos otros, en busca de aquello que más le falta esta temporada: partidos, partidos y más partidos.
El español supera a Khachanov (6-4 y 7-6(5)) en su debut en el ATP 500 de Viena, donde busca ritmo de competición antes de afrontar el tramo decisivo de la temporada, con París, las ATP Finals y la Copa Davis en el horizonte.
La única vez que Carlos Alcaraz había pisado el Wiener Stadthalle de Viena tenía 18 años, todavía no había ganado un Grand Slam, ocupaba el puesto 42 del mundo y vestía una camiseta Nike básica, de las que se encuentran en cualquier tienda. Era 2021. Las cosas han cambiado. Aquel adolescente es ahora un campeón de siete grandes, pero este martes regresó al torneo austríaco, un ATP 500 como tantos otros, en busca de aquello que más le falta esta temporada: partidos, partidos y más partidos.
Alcaraz no figuraba entre los inscritos, pero después de caer en la tercera ronda del Masters 1000 de Shanghái y aplazarse el Six Kings Slam de Arabia Saudí, su calendario se quedó con un vacío de tres semanas hasta el torneo de París y su equipo buscó una alternativa. Viena, que acababa de perder a Jannik Sinner como cabeza de cartel, le abrió la puerta con una invitación. Y el español aceptó. A estas alturas, en una temporada normal, Alcaraz difícilmente habría añadido un ATP 500 a su agenda, pero esta no es una temporada normal.
«Necesito competición, torneos y ritmo de partidos para volver a mi mejor nivel», reconoció el lunes. «Estoy contento con mi forma de jugar y con mi nivel actual, pero siento que todavía no estoy donde quiero estar», añadió. En Austria, el ahora número tres del mundo no quiere demostrar nada, sino seguir recuperando las sensaciones perdidas durante los cinco meses de baja por lesión.
Ante Karen Khachanov encontró exactamente lo que necesitaba, aunque por momentos tuvo que sudar más de lo previsto. Alcaraz se impuso por 6-4 y 7-6(5), en un debut que le exigió concentración y paciencia. El ruso apenas logró 11 golpes ganadores, pero volvió a demostrar que es uno de esos rivales que, sin hacerle demasiado daño, siempre consiguen mantenerlo en la pista.
El desenlace fue especialmente ilustrativo. Con 5-4 en el segundo set, el murciano dispuso de tres bolas para cerrar el partido, pero se precipitó en busca del winner brillante, del golpe ideal, y terminó concediendo una segunda oportunidad al ruso. «Estaba jugando muy bien. Simplemente fue ese juego. Creo que podría haber jugado un poco mejor esas bolas de partido. Jugué demasiado rápido, quise hacer más de la cuenta en un par de ellas», reconoció después.
Alcaraz tuvo que recomponerse y buscar una nueva oportunidad. La encontró con 6-5, cuando aprovechó su primera bola de break, y luego en el desempate cuando terminó imponiéndose después de un passing magnífico. «Aún así, estaba contento con mi nivel de juego. En ese momento tocaba seguir ahí, continuar luchando, mantenerme fuerte mentalmente e intentar darme otra oportunidad. Creo que lo conseguí con 6-5, cuando aproveché la primera bola de break que tuve. Estoy contento por ello y creo que jugué un gran tie-break», explicó. El largo resoplido al terminar resumía el esfuerzo de una victoria que no necesitaba ser brillante para resultar útil.
Desde su regreso en el US Open, a finales de agosto, el español ha alternado señales esperanzadoras con tropiezos inesperados. Ganó en el ATP 500 de Tokio, pero cayó pronto en el Masters 1000 de Shanghái. Le falta continuidad, y el calendario le ofrece ahora una oportunidad antes de las tres últimas grandes citas del año: el Masters 1000 de París, las ATP Finals de Turín y la Copa Davis en Bolonia. Cada partido puede acercarle a ese objetivo, aunque también aumenta el desgaste y esos tiene sus riesgos: cuántos títulos puede ganar ahora y cuánto puede exigirse sin comprometer su preparación para 2027.
En Viena también reivindicó la continuidad de sus ambiciones pese a todo lo conseguido en los cinco años transcurridos desde su estreno en la ciudad aquel 2021. «He conseguido grandes cosas desde la primera vez que estuve aquí y estoy muy orgulloso de ello, pero sigo siendo el mismo chico, con las mismas ambiciones y los mismos sueños», afirmó. Ahora la victoria ante Khachanov es un pasito más. Viena no estaba en sus planes, pero es un puente hacia el último tramo del año. Alcaraz ha vuelto a competir y a ganar. Ahora necesita recuperar, partido a partido, todo lo que le falta para volver a ser quien fue.
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