Un trabajador que aprovechaba su empleo en un restaurante para llevarse a casa aceite, pan y otros productos con los que montar su negocio de burritos terminó despedido por la empresa. Sin embargo, el caso dio un giro cuando la Justicia declaró improcedente el despido.
Es algo confuso e, incluso, muchos lectores lo considerarán totalmente injusto, pero el abogado laboralista Ignacio de la Calzada ha detallado por qué se ha terminado dando este desenlace.
En resumidas cuentas, De la Calzada ha recordado que no cualquier incumplimiento de un empleado justifica que se haya de establecer la sanción más grave por parte de una empresa.
El valor de los productos y la falta de pruebas sobre una apropiación reiterada
El trabajador se llevaba distintos productos del restaurante en el que trabajaba para utilizarlos en su propio negocio. La empresa decidió despedirlo al conocer estos hechos, decisión que parece totalmente justificado. Sin embargo, el tribunal tuvo en cuenta varias circunstancias antes de valorar la procedencia de la sanción.
Entre ellas figuraban el reducido valor de los productos, la falta de acreditación de que la apropiación se hubiera producido de forma reiterada y las dificultades para concretar algunos de los hechos incluidos en la carta de despido.
Estos elementos resultaron determinantes para que la Justicia considerase que la empresa no había justificado adecuadamente la decisión.
La carta de despido, un documento clave para justificar la decisión de la empresa
De la Calzada insiste precisamente en la forma en la que la compañía comunicó el despido. «Una cosa es que el trabajador haya hecho algo mal y otra muy distinta es que ese comportamiento justifique el despido», explica.
Es entonces cuando el abogado reitera que la empresa no puede limitarse a señalar que el empleado ha incumplido sus obligaciones, también debe ser capaz de acreditar los hechos, demostrar que revisten suficiente gravedad y detallarlos correctamente en la carta de despido.
En este caso, los problemas para concretar determinadas conductas y la falta de pruebas suficientes sobre su reiteración debilitaron la posición de la empresa. «La chapuza de la carta de despido», resume.
No obstante, el profesional advierte de que esta resolución no significa que los trabajadores puedan llevarse productos de su empresa sin consecuencias. Dependiendo de las circunstancias, una conducta de este tipo puede justificar perfectamente un despido disciplinario y, de hecho, asegura que en la mayoría de los casos puede ser motivo suficiente para extinguir la relación laboral.
Eso sí, «si la carta de despido es una chapuza, no concreta los hechos y tú no puedes defenderte, es muy posible que sea improcedente», sentencia.
El abogado laboralista Ignacio de la Calzada explica por qué la empresa no pudo justificar la sanción más grave, pese a que el empleado se llevaba alimentos y otros artículos para su propio negocio
Un trabajador que aprovechaba su empleo en un restaurante para llevarse a casa aceite, pan y otros productos con los que montar su negocio de burritos terminó despedido por la empresa. Sin embargo, el caso dio un giro cuando la Justicia declaró improcedente el despido.
Es algo confuso e, incluso, muchos lectores lo considerarán totalmente injusto, pero el abogado laboralista Ignacio de la Calzada ha detallado por qué se ha terminado dando este desenlace.
En resumidas cuentas, De la Calzada ha recordado que no cualquier incumplimiento de un empleado justifica que se haya de establecer la sanción más grave por parte de una empresa.
El valor de los productos y la falta de pruebas sobre una apropiación reiterada
El trabajador se llevaba distintos productos del restaurante en el que trabajaba para utilizarlos en su propio negocio. La empresa decidió despedirlo al conocer estos hechos, decisión que parece totalmente justificado. Sin embargo, el tribunal tuvo en cuenta varias circunstancias antes de valorar la procedencia de la sanción.
Entre ellas figuraban el reducido valor de los productos, la falta de acreditación de que la apropiación se hubiera producido de forma reiterada y las dificultades para concretar algunos de los hechos incluidos en la carta de despido.
Estos elementos resultaron determinantes para que la Justicia considerase que la empresa no había justificado adecuadamente la decisión.
La carta de despido, un documento clave para justificar la decisión de la empresa
De la Calzada insiste precisamente en la forma en la que la compañía comunicó el despido. «Una cosa es que el trabajador haya hecho algo mal y otra muy distinta es que ese comportamiento justifique el despido», explica.
Es entonces cuando el abogado reitera que la empresa no puede limitarse a señalar que el empleado ha incumplido sus obligaciones, también debe ser capaz de acreditar los hechos, demostrar que revisten suficiente gravedad y detallarlos correctamente en la carta de despido.
En este caso, los problemas para concretar determinadas conductas y la falta de pruebas suficientes sobre su reiteración debilitaron la posición de la empresa. «La chapuza de la carta de despido», resume.
No obstante, el profesional advierte de que esta resolución no significa que los trabajadores puedan llevarse productos de su empresa sin consecuencias. Dependiendo de las circunstancias, una conducta de este tipo puede justificar perfectamente un despido disciplinario y, de hecho, asegura que en la mayoría de los casos puede ser motivo suficiente para extinguir la relación laboral.
Eso sí, «si la carta de despido es una chapuza, no concreta los hechos y tú no puedes defenderte, es muy posible que sea improcedente», sentencia.
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