Milagro en el Vaticano

Un Madrid atómico, cabreado y frenético logró el gran milagro en Roma, no muy lejos del Vaticano. Por fin, el Madrid volvió a ser el de las Champions, el que no se rinde aunque su barco esté hundiéndose. Fue la Heroica.

 Un Madrid atómico, cabreado y frenético logró el gran milagro en Roma, no muy lejos del Vaticano. Por fin, el Madrid volvió a ser el de las Champions, el que no se rinde aunque  

Un Madrid atómico, cabreado y frenético logró el gran milagro en Roma, no muy lejos del Vaticano. Por fin, el Madrid volvió a ser el de las Champions, el que no se rinde aunque su barco esté hundiéndose. Fue la Heroica.

Con el funesto planteamiento de Mourinho, al final, el equipo se rebeló contra sí mismo. Impuso la verticalidad y la rabia, y fue un equipo muy ofensivo. Estoy seguro de que los jugadores desoyeron por completo los preceptos tácticos canónicos y pasados de moda de un entrenador en el ocaso de su carrera.

El Madrid ganó cuando fue el que debía ser por sus jugadores, por sus estrellas, porque solo Mourinho ha desgraciado a muchos futbolistas y los ha empequeñecido.

Amén del caso de Espí, que volvió a marcar, el equipo ha vivido la aparición rutilante de Endrick, que estaba en la cárcel, en la sombra, cuando ahora mismo es cinco veces mejor que Vinicius, que es una rémora. Además, Mourinho, en pretemporada, lo tenía de delantero centro.

Endrick, junto con Diomandé, fueron los jugadores verticales, luchadores y con mucha calidad para destrozar a una Roma que trata de jugar bien al balón, pero que ni tiene jugadores ni ofrece la imagen de un buen equipo.

Mourinho tendría que explicar cómo pretendía ganar, con Courtois sacando la pelota mediante pases que siempre se perdían. Pase largo para las tres balas de delante. Bueno, una, porque Vinicius, entre la tirada de pelos, se ha caído al infierno.

Nada más salir Arda Güler, se vio la luz, y eso que el Madrid, en plena revuelta, llegó a jugar con cuatro delanteros. Ahora Mou se echará piropos a sí mismo por los cambios: Valverde por el lado derecho, Güler, Endrick y solo la equivocación de Bernardo Silva, que está para comer pasteles.

El Madrid de la primera parte y del comienzo de la segunda era un equipo agarrotado. Se les veía tensos por tener que cumplir las órdenes defensivas, en lugar de pensar en la victoria. La mezquindad de Mou les había metido en el alma el espíritu de un equipo pequeño.

El Madrid se quitó la oscuridad, embutido en la idea de buscar el empate que lo había empequeñecido. Realmente, uno de los principales revolucionarios de la locura del final fue Endrick, increíble, maravilloso.

Que Vinicius desaparezca de la faz madridista. Y que los jugadores jueguen siempre con ese espíritu revoltoso y revolucionario, que se olviden de ser defensivos y apuesten por ser ofensivos, en consonancia con la gran calidad de sus jugadores y de la plantilla al completo.

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