Bikinis, playas y drones: la segunda batalla del Mar Negro

La plazoleta que rodea al Monumento al Marinero Desconocido de Odesa es una plataforma que reúne al atardecer a parejas, familias o turistas como Igor y Victoria. Un espacio bucólico, amenizado por un músico callejero que toca el acordeón, y unas magníficas vistas a la bahía. Pero también a la guerra. Son las 17:50 y la docena de personas congregadas en el lugar se ven sorprendidas por el repiqueteo de las ametralladoras antiaéreas, el sobrevuelo de un avión y el estruendo que deja la trayectoria del misil ruso que avanza desde la derecha.

 Los bañistas de la región de Odesa asisten como testigos involuntarios a la ofensiva aérea de Moscú casi diaria, que bloquea de nuevo los puertos del área, mientras Ucrania responde con operaciones similares  

La plazoleta que rodea al Monumento al Marinero Desconocido de Odesa es una plataforma que reúne al atardecer a parejas, familias o turistas como Igor y Victoria. Un espacio bucólico, amenizado por un músico callejero que toca el acordeón, y unas magníficas vistas a la bahía. Pero también a la guerra. Son las 17:50 y la docena de personas congregadas en el lugar se ven sorprendidas por el repiqueteo de las ametralladoras antiaéreas, el sobrevuelo de un avión y el estruendo que deja la trayectoria del misil ruso que avanza desde la derecha.

Pocos minutos antes, otro proyectil similar había estallado en el cielo al ser interceptado por un aeroplano ucraniano. Esta vez no han tenido tanta suerte. El cohete logra superar las ráfagas y termina explotando a pocos cientos de metros.

«¡Acabamos de llegar de vacaciones de Kiev y mira con lo que nos encontramos!», clama Igor entre carcajadas. Su pareja comparte el mismo sentido de humor macabro. «¿Asustados? ¡Venimos de Kiev! ¡Allí sí que tenemos fuegos artificiales! ¡Esto no es nada!», asevera.

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La escena de este pasado lunes se ajusta al ritmo dual bajo el que vive la metrópoli ucraniana y toda la región costera que la rodea, que sufre desde hace semanas una constante arremetida aérea de los drones (UAV) y misiles rusos, mientras que al mismo tiempo miles de residentes continúan aferrados a las playas y fiestas veraniegas.

Anastasia Svimid no abandona la copa de champán ni cuando comienzan a resonar las explosiones no lejos de la terraza donde se encuentra sentada. La responsable del club Hotel 13, una de las discotecas más exquisitas de la localidad, tan sólo da un tímido respingo al escuchar la primera detonación, poco antes de las 17:00.

«En el club tenemos una especie de refugio antiaéreo, pero no lo usa nadie. En cualquier caso, no se escuchan las explosiones con la música«, afirma con una sonrisa irónica.

La entrevista con la gerente del recinto de esparcimiento se desarrolla también bajo el singular espíritu que parece guiar a esta localidad. Los bañistas siguen dirigiéndose hacia la cercana zona de Arcadia -un popular destino plagado de playas y discotecas-, pero los ucranianos que comparten restaurante con Anastasia no cesan de consultar Telegram para mantenerse informados de la «batalla aérea» -así la describen en esa red social- que se desarrolla en este mismo instante en el cielo, a pocos cientos de metros.

«Tengo que saber hacia dónde van los drones porque soy madre de dos hijos», argumenta la propia Anastasia, casi al tiempo que pide una segunda copa.

La playa de Chornomorsk, en Odesa, protegida por parapetos de cemento para evitar desembarcos rusos
La playa de Chornomorsk, en Odesa, protegida por parapetos de cemento para evitar desembarcos rusosM. SHTEKEL

Uno de los vídeos que acaban de difundirse muestra cómo uno de ellos cae desde las alturas, incendiado, a pocos metros de la playa. Otro exhibe una casa en llamas en la cercana localidad de Chornomomorsk. Los canales de internet hablan de una veintena de vehículos aéreos no tripulados y numerosos misiles. Las explosiones cercanas se reproducen a intervalos.

«¡Al refugio!», se lee en mayúsculas en los mensajes. Ni Anastasia ni sus vecinos de mesa parecen secundar el llamamiento. «La gente ha normalizado el horror», admite con cierta resignación. «Siguen acudiendo a las discotecas en medio de todo esto porque quieren respirar y relajarse. Quizás cuando esto termine yo acabe siendo la gerente de un manicomio, pero ahora mismo es nuestra vida», agrega.

La ofensiva aérea de Moscú se intensificó en julio y a partir del día 22 de ese mes provocó el bloqueo de facto de todos los puertos de esta región sureña.

«Desde el 1 de julio el adversario está usando de forma masiva los drones a reacción y misiles balísticos. Sólo entre el 1 de julio y el 11 de agosto se registraron 88 ataques contra instalaciones portuarias, 48 contra buques civiles en los puertos y 39 contra buques en el corredor marítimo (que navegaban por el Mar Negro). Es decir, prácticamente la mitad de todos los ataques registrados en 2026 se concentran en julio y agosto», precisó la Administración de los Puertos Marítimos de Ucrania, con sede en Odesa, en respuesta a las preguntas de este diario.

Los muelles de la región de Odesa canalizan el 90% de las exportaciones nacionales y, en especial, la mayor parte de los envíos de grano y hierro. Los economistas han alertado sobre el golpe monumental que representaría la suspensión de esta actividad para la ya de por sí maltrecha economía local.

Dos expertos en la materia, Mykola Ryzhenkov y Oleksandr Shepotilo, de sendas universidades europeas, han realizado un estudio sobre esta crisis advirtiendo que Ucrania podría perder hasta un 6% de su PIB.

El Banco Nacional de Ucrania estimó el pasado día 7 que ese menoscabo alcanzaría los 2.000 millones de dólares, una cifra muy a la baja si se compara con las opiniones de otros analistas. El diario ZN, por ejemplo, calculaba hace días que la merma podría oscilar entre los 4.000 y 8.000 millones de dólares.

Los medios locales ya hablan de una «segunda batalla del Mar Negro» al recordar que Moscú ya consiguió interrumpir las exportaciones locales en el primer año de la invasión general, cuando golpeó en numerosas ocasiones las instalaciones de Odesa, Chornomorsk o Pivdennyi, los principales enclaves portuarios de esta costa bajo control de Kiev.

El humo se eleva desde el buque granelero 'Golden Leo', tras un ataque con misiles rusos en el mar Negro, en julio.
El humo se eleva desde el buque granelero ‘Golden Leo’, tras un ataque con misiles rusos en el mar Negro, en julio.M. SHTEKEL

«La situación es mucho peor que la de 2022 porque entonces la crisis se produjo al final de la cosecha, cuando muchos agricultores ya habían vendido sus productos. Ahora estamos al inicio. También hay una diferencia con esos años. La alternativa del puerto rumano de Constanza o de los puertos del río Danubio (que canalizaron parte de las exportaciones en el año 2023) no es una opción ante la bajada del cauce fluvial. Recurriendo a vías alternativas (trenes o camiones) sólo podríamos enviar un 30% de lo que solemos exportar. Nos enfrentamos a un problema muy grave», asume Dmytro Kazanin, propietario de Teus, una de las empresas estibadoras que solían operar en el área de Odesa.

Según las propias cifras del Ministerio de Agricultura ucraniano, las exportaciones de productos agrícolas han sufrido un recorte del 54% en el presente año y las de trigo -de las que depende el abastecimiento de países como Egipto-, un 53%.

Los ataques recurrentes han generado asimismo la paralización del trabajo de varias factorías productoras de derivados del hierro y el presidente de la principal asociación de firmas de acero local, Oleksandr Kalenkov, admitió que ese sector no tiene ninguna opción viable para reemplazar el comercio a través de Odesa.

«El acceso al mar es el factor más importante para la supervivencia de nuestra industria», manifestó a un medio local.

Pero a diferencia de 2022 y 2023, las acciones rusas han encontrado una réplica ucraniana, que también ha intensificado sus operaciones contra los puertos que controla Moscú en el Mar Negro. Bajo el principio del «ojo por ojo», los UAV han golpeado instalaciones tan estratégicas del Mar Negro como Novorossiysk, Taman o Kavkaz. A principios de agosto, las Fuerzas de Sistemas no Tripulados del ejército ucraniano dijeron que habían atacado más de 200 buques de la flota rusa en este espacio marítimo desde principios de julio.

El pasado día 12 cientos de drones y cohetes ucranianos lanzaron un sorpresivo bombardeo de las instalaciones de Novorossysk, uno de los mayores puertos rusos de la región, la sede de su Flota del Mar Negro y al mismo tiempo una plataforma clave en sus envíos de grano. Muchos de los objetivos fueron depósitos que acogían millones de toneladas de productos agrícolas, que ardieron durante horas.

Escribiendo en el diario local Pravda Ucrania, la diputada Yulia Sirko alertó sobre la posibilidad de que este enfrentamiento genere una crisis de alimentos global. En los últimos «dos años y medio, más de 8.000 buques» han transitado por los puertos de Odesa «transportando cerca de 200 millones de toneladas de productos a 50 países del mundo», refirió. Desde el 22 de julio, ese comercio se ha reducido a «cero», añadió.

Sirko añadió que este bloqueo de facto -que equiparó al que sufre el Estrecho de Ormuz- amenaza con «crear otra crisis de alimentos en África y Asia, donde 400 millones de personas dependen de los cereales y el aceite [de soja] ucraniano», que también afectará a Europa donde -según su opinión- se registrará «un aumento de los precios y del coste de la vida».

Las oleadas de aparatos y cohetes rusos fueron una constante durante las tres jornadas de visita de este diario a Odesa. El domingo, un UAV impactó en un enorme centro comercial situado a las afueras de la villa, creando una bola de fuego y dejando más de media docena de heridos.

Los equipos de rescate extinguen un incendio en una instalación energética tras un ataque ruso en Odesa, en junio.
Los equipos de rescate extinguen un incendio en una instalación energética tras un ataque ruso en Odesa, en junio.AP

Uno de los encargados del recinto, Víktor, se recuperaba junto al complejo, respirando el oxígeno que le proporcionaban los equipos de socorro.

«He tragado mucho humo. Estaba dentro pero en el extremo opuesto al lugar de la explosión. Todo se estremeció. Salí al exterior y vi el fuego. Empezamos a extinguirlo y a evacuar a la gente», comentó.

El lunes, la villa enfrentó varios ataques a intervalos de los artilugios bélicos rusos. Desde el centro de la ciudad -abarrotado de viandantes- se podían escuchar las detonaciones que sacudían el cielo al caer la noche.

Los observadores militares observan que Moscú está recurriendo a las últimas novedades de su arsenal para intentar decidir la suerte de esta pugna.

Según declaró el pasado 31 de julio Vladyslav Vlasiuk, un funcionario significativo de la Administración ucraniana, a la agencia Bloomberg, el 80% de los ataques rusos contra los puertos de la región de Odesa se llevan a cabo ahora con los nuevos misiles Banderol, un cohete de bajo costo, que junto a los también novedosos drones Geran-5, aparatos accionados por turborreactores que pueden alcanzar los 500 kilómetros por hora, superan las capacidades de interceptación de las defensas locales.

«Los rusos lo saben y están aprovechando esta oportunidad para presionar a la población civil», opina Yuri, un oficial de la 160.ª Brigada de Misiles de la Defensa Aérea implicado en la lucha contra los UAV.

El militar se expresa junto a un dron Spitfire de fabricación ucraniana. Los mismos que usan para derribar la mayoría de los Shahed o Geran rusos que no disponen de turborreactores. «Este aparato no puede alcanzarlos. Estamos trabajando para incrementar su velocidad», asume.

Los bañistas del área se han convertido en involuntarios testigos de la confrontación. Las playas de la referida zona de Arcadia son la vía principal de llegada de los drones rusos. El pasado 23 de junio una joven de 26 años falleció en uno de esos enclaves de ocio, al ser alcanzada por un pedazo de metralla en el cuello. Murió desangrada bajo las sombrillas.

Una de las decenas de víctimas civiles que ha dejado este nuevo episodio bélico. La autoridad portuaria de Odesa especificó que sólo en julio murieron 31 personas. Un nivel de pérdidas humanas sin precedentes durante todo el periodo de la guerra a gran escala [desde 2022]».

Pese a la continuidad de las incursiones rusas, miles de personas siguen confluyendo a diario en Arcadia o en la misma playa de Chornomorsk. A poquísimos kilómetros del litoral se divisan edificios calcinados, enormes socavones provocados por la acción de los proyectiles rusos y estructuras distópicas como la que protege con ingentes verjas de metal un conjunto de depósitos de combustible.

Destinos como Ibiza, Ítaca o Hawai continúan repletos de chavales bailando como posesos cada fin de semana. Hay go-go girls danzando en algunos bares, grupos de chicas que recrean escenas de K-pop para colgarlas en las redes sociales y los que terminan perdiendo el control y tienen que ser instados a que dejen de bailar encima de un tejado.

Una chica disfruta del 'set' del DJ Tatarka durante una rave en una playa de Odesa, el pasado domingo.
Una chica disfruta del ‘set’ del DJ Tatarka durante una rave en una playa de Odesa, el pasado domingo.M. SHTEKEL

Vikingo, un ex militar de 37 años, que regenta Solo Playa -otro espacio de amplias camas ubicadas en el área- reconoce que durante muchos meses, cuando volvió del frente, no podía procesar el contraste entre lo que había visto y la euforia de una multitud que parece sacada de la Ibiza española.

«Me pasé seis meses atiborrándome de antidepresivos. Ahora ya me da igual», dice.

Son las 19:00 horas del domingo 16. No han pasado ni dos horas desde el último ataque aéreo y decenas de mujeres vestidas con apretadas mallas y pantalones cortos se arremolinan en torno a DJ Takarta.

«Es una carrera y fiesta rave al atardecer. Es la quinta vez que lo hacemos», explica la fémina, que también se esfuerza en mostrar su excelente forma física.

La idea es correr detrás de un escenario sobre ruedas que Takarta utiliza para pinchar una música machacona que atrona el entorno. La comitiva -unas 150 personas- trota y baila a intervalos a lo largo de la linde costera de la citada zona de Arcadia. Hay desde esa joven que se ha vestido como si fuese una mariposa sobre patines a otra que ha optado por el atuendo de diabla, con cuernos incluidos. Todas ellas ignoran el paso de uno de los jeeps con ametralladoras antiaéreas antidrones que circula por el área.

«Hay gente que me pregunta: ‘¿Cómo puedes bailar en la guerra?’. Les digo: ‘No sabemos si mañana estaremos vivos, así que hay que aprovechar’«, asegura antes de empezar a botar y chillar.

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