<p>A <strong>Tadej Pogacar</strong> es la historia lo que le lleva a explorar sus límites, a querer seguir ampliando un palmarés que ya sólo se sólo se puede comparar con el de <strong>Eddy Merckx</strong>. El rey del Tour quiere ser también el rey de las clásicas. Y lo es, puro empeño en esos terrenos que le pudieran ser tan ajenos. Los adoquines y las colinas de Flandes se rinden al esloveno, como lo hace <strong>Mathieu Van der Poel</strong>. En la tercera y última ascensión del Viejo Kwaremont claudicó el neerlandés, rendido a la evidencia del más fuerte, el que le iguala con tres victorias en De Ronde. </p>
El esloveno conquista por segunda vez consecutiva (tercera en total, igualando a los que más) el Tour de Flandes con un ataque en el Viejo Kwaremont en el que eliminó a Van der Poel. Se convierte en el primero de la historia en ganar cuatro Monumentos consecutivos
A Tadej Pogacar es la historia lo que le lleva a explorar sus límites, a querer seguir ampliando un palmarés que ya sólo se sólo se puede comparar con el de Eddy Merckx. El rey del Tour quiere ser también el rey de las clásicas. Y lo es, puro empeño en esos terrenos que le pudieran ser tan ajenos. Los adoquines y las colinas de Flandes se rinden al esloveno, como lo hace Mathieu Van der Poel. En la tercera y última ascensión del Viejo Kwaremont claudicó el neerlandés, rendido a la evidencia del más fuerte, el que le iguala con tres victorias en De Ronde.
Un triunfo, como los últimos, por aplastamiento. Por tortura. Una determinación implacable. Es su segunda victoria consecutiva en el Tour de Flandes, la tercera en total (añadiéndose al grupito que de reyes: Achiel Buysee, Fiorenzo Magni, Eric Leman, Johan Museeuw, Tom Boonen, Fabian Cancellara y el propio Van der Poel). Es su cuarto Monumento de carrerilla, algo que nadie hizo jamás. Ya son 12, con 27 años, superando a Roger De Vlaeminck, ya únicamente el Caníbal con más. Es, también, el anticipo de lo que pretende, ganar los cinco el mismo año. Siguiendo por la París-Roubaix del próximo domingo, el más difícil todavía para Tadej, su sueño hasta ahora prohibido.
Fue, también, una edición marcada por el debut de Remco Evenepoel, al fin donde tantos le sitúan y él se resistía, empeñado en ser el ciclista que no es. Con evidentes dificultades en los muros de pavé, pese a su pasaporte belga (ahí donde son reyes, 69 victorias, aunque la última hace nueve años, Gilbert), fue un esperanzador amanecer. Acabó tercero (a 1:10), sólo por detrás de los dos colosos, con los que peleó desde la distancia, desde que le dejaron a 50 kilómetros de meta, en uno de los pasos por el Paterberg.
Pogacar, ganador en San Remo (al fin), y rey de las Ardenas Flamencas. En solitario en la meta de Oudenaarde tras 280 kilómetros y casi seis horas y media. Con el maillot arcoíris y sin guantes, de los que se desprendió antes del ataque final para tener el detalle de regalárselos a un pequeño espectador.
La calma se había roto de repente. Casi sin avisar. Había avanzado la mañana desde Amberes con un buen puñado de anécdotas. La tonta caída en la zona neutralizada de Ivo Oliveira, compañero de Pogacar, la polémica por el corte en un paso a nivel que dividió al pelotón (con el reglamento en mano, los que no pararon, entre ellos el esloveno, deberían haber sido descalificados), la lluvia que iba y venía, dándose relevos con el sol y la escapada del día, con 13 corredores, entre ellos dos rarezas, dos pioneros, el uruguayo del Burgos Burpellet Eric Fagúndez y el mongol Sainbayar.
Pero en la ratonera del Molenberg, todavía con más de 100 kilómetros por recorrer y la mayor parte de las 18 colinas aún por escalar, Pogacar mandó a su principal gregario a acelerar. Incluso asumiendo el riesgo de quedarse sin el resto de sus compañeros, Florian Vermeersch destrozó la tranquilidad. Dejó el asunto en 17 hombres, tan temprano, todos los favoritos ahí. Van der Poel, Van Aert, Pedersen… También el debutante Evenepoel, tan atento. Cuatro campeones del mundo. Ningún español. Ningún Movistar. Se vieron ahí y decidieron que ya no había que mirar atrás.
Avanzaron con más o menos colaboración, ampliando la distancia con un pelotón atónito y conformista. Atraparon a los fugados y ya sólo era cuestión de saber cuándo llegaría el zarpazo de Pogacar. Cuándo y dónde. Y quien sería capaz de seguirlo.
Y el lugar fue el Oude Kwaremont, el segundo paso por la colina en la que ya hace un año nadie fue capaz de seguirle. Ni un instante de duda, un ataque que liberaba el ansia de Pogacar. Todavía con 55 kilómetros hasta la meta de Oudenaarde, Tadej aplicó su tortura. Primero quedaron cinco, qué cinco. Junto al esloveno, Van der Poel (tardó un poco más en reaccionar), el atentísimo Van Aert, Remco y Pedersen. Pero pronto, en la cima, fueron tres. Y un poco más allá, en el siguiente Paterberg, ya cedió Evenepoel, aunque iba a seguir persiguiendo a la pareja de forma tortuosa, cerca y lejos, pero sin llegar a atraparlos. «No quería esperar a Remco después de Koppenberg, porque su resistencia es muy buena, puede ganarte al final», aclaró el ganador.
La batalla a dos estaba servida, pero ahora las distancias entre ambos se han ampliado. Como en San Remo, no hubo respuesta de Van der Poel (quizá demasiado generoso en los relevos) al ataque final de Pogacar. Le cedió el trono. Ellos, desde 2024, han ganado los últimos 11 Monumentos, los 15 de los últimos 17.
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